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La chica del tren
Fecha: 01/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... terso, redondo y suave como eso. Y era probable que jamás lo volviera a hacer. La mujer salió antes que nadie, pero en ese instante al menos tres manos desconocidas acariciaron su trasero, como si también quisieran llevarse un recuerdo de esa hembra. La chica se acomodó el vestido, pues uno de los depravados había logrado levantárselo un poco, y se fue dando pasos largos y veloces. Mis compañeros de viaje se dirigieron a la salida opuesta a la que ella se dirigía, seguramente por miedo a que la chica se encontrara con algún policía y decidiera denunciarlos. Algunos me miraban sonriendo, con admiración y envidia, pues había sido más osado que ellos. Yo en cambio, me dirigí a la misma dirección que ella. Algo me decía que no era de las mujeres que denunciaban ese tipo de situaciones. Su actitud sumisa, y el hecho de que no hubiera pronunciado ni una sola palabra mientras era vejada por unos desconocidos, me hacía pensar así. Como era de noche la estación estaba casi vacía. Ni siquiera había empleados a la vista. Pero me sorprendió su velocidad. Subió la escalera en un santiamén. No había girado a verme, pero parecía haberse percatado de que alguien la perseguía. Cuando llegaba al último escalón, pude ver su ropa interior negra. Un último recuerdo de esa experiencia tan erótica. Luego salió de la boca del subte y se perdió en la ciudad, la cual sí estaba muy concurrida. Traté de tranquilizarme. ¿Qué pensaba hacer? ¿Violarla? Sacudí la cabeza, reconociendo que me había ...
... comportado como un animal. Cuando salí de la estación, vi sus piernas largas antes de que terminara de meterse en un taxi, para luego cerrar la puerta del vehículo. —Nunca voy a volver a verla —dije, pensando en voz alta. …………… —¡Levantate, Nico, que ya llegó tu hermano con su novia! Mamá gritaba innecesariamente al otro lado de la puerta de mi dormitorio. Había golpeado con mucha fuerza, y en repetidas ocasiones, por lo que ya me estaba desperezando. —Ya voy, ya voy —dije. Entonces mamá abrió la puerta. —No se te ocurra aparecer con esa cara de muerto. Date una ducha rápida, y ponete ropa limpia. Ayer te dejé una muda en el ropero. Cerró la puerta, dejándome solo. Le hice caso, pues necesitaba espabilarme. Me fui directo a la ducha. Había llegado a casa a las siete de la mañana, pues me había ido a un boliche con algunos amigos. Era el mediodía, así que para mí eso equivalía a madrugar. No entendía por qué le daban tanta importancia a la visita de mi hermano con su novia. Sergio era un soltero empedernido, y por lo visto, a sus treinta años acababa de encontrar el amor. Supuse que para nuestros padres eso habría de ser más importante de lo que yo podía llegar a imaginar. En mi caso, no podía importarme menos. Mi hermano mayor era el hijo que todo padre quería tener. Tenía una aguda inteligencia. Se había recibido de abogado hacía ya unos cuantos años. Tenía una situación económica sólida. Hasta se había comprado un pequeño departamento, lo que ...