1. La chica del tren


    Fecha: 01/03/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    Era imposible no mirarla. Era de esas mujeres que despertaban inmediatamente lujuria en los hombres. Y no era solo por cómo lucía. Llevaba un minivestido negro, con las mangas largas y el cuello redondo, sin escote. Una prenda que cubría mucho (al menos en la parte superior), pero al ser tan ceñido, y al dejar las piernas desnudas, resultaba dolorosamente sensual. Pero como dije, no era solo su apariencia. Tenía la piel blanca y brillosa, estaba delicadamente maquillada, con los labios pintados de un color rojo, apenas intenso. Su cabello azabache estaba recogido. Pero creo que la verdadera lascivia la despertaban sus ojos. Sus ojos y su mirada. Eran marrones, grandes. Producían una sensación extraña: parecían increíblemente expresivos, pero, a la vez, le daban a su portadora un indiscutible aire de misterio.
    
    Ambos compartíamos el mismo vagón del tren subterráneo. Era raro ver a una mujer con esa elegancia y esa sensualidad en un lugar así. Imaginé que se dirigía a una fiesta, o a una cita.
    
    Era imposible no mirarla. Pero me percaté de que estaba siendo demasiado evidente, así que desvié la mirada. Entonces noté de que no era el único que había caído bajo su hechizo. Los pocos viajeros que nos acompañaban la violaban con sus ojos. Cuando alguno de ellos caía en la cuenta de que su escrutamiento estaba siendo demasiado obvio, al igual que me había pasado a mí, miraba a otra parte. Pero era inmediatamente reemplazado por otro curioso que quedaba hipnotizado por esa ...
    ... criatura que parecía delicadísima y salvaje a la vez. Esto tenía como consecuencia que no hubiera un solo instante en que aquella diosa estuviera siendo acechada.
    
    Estaba parada, a pesar de que había muchos asientos libres. Supuse que era porque si se sentaba iba a empeorar su situación, pues su entrepierna iba a llevarse toda nuestra atención, ya que esperaríamos el momento en que ese pequeño vestido la dejara expuesta y su ropa interior quedara a la vista de los degenerados que estábamos en ese vagón.
    
    Calculé que la hermosa hembra tenía veintisiete o veintiocho años. Treinta cuanto mucho. Al principio creí que era menor, pero luego decidí que su piel lozana, sin ninguna imperfección, que traslucía suavidad con solo verla, le quitaban unos cuantos años. No obstante, la manera en que parecía llevar su feminidad, la habilidad con que se había maquillado, la seguridad en su actitud, a pesar de estar siendo acosada por un horda de machos desconocidos que en ese instante solo pensaban en cómo se vería sin ese vestidito, me instaron a pensar que ya había pasado sus veinte años hacía tiempo.
    
    Se generó una perversa complicidad entre los seis o siete hombres que estábamos presente. Frente a mí había un gordito calvo que me sonreía, como si con esa sonrisa me transmitiera sus pensamientos libidinosos. No hacía falta tener telepatía para saber lo que pensaba.
    
    Lo que pasó después fue que los acosadores dejamos la prudencia de lado. La mujer miraba al frente, a la ventanilla por la ...
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