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La habitación de mi padre
Fecha: 03/03/2026, Categorías: Incesto Autor: Mercedes, Fuente: CuentoRelatos
... mismo me llevara hasta el infierno. Pero el infierno vino a mí sin esperar que yo lo buscara. Fue la noche del sábado pasado y habíamos acudido al restaurante frente al río. Me dejé llevar por la alegría de las copas, me dejé arrebatar por la mirada picara de sus ojos celestes, me dejé arrebatar por sus palabras envolventes, sobre un tema que no recuerdo, porque solamente me interesaba escuchar el sonido de su voz y mirar sus labios semi abiertos y a veces húmedos. De modo que cuando conducía el automóvil rumbo a la casa yo ya sabía perfectamente lo que haría y ni mis convicciones, ya casi olvidadas, me harían retroceder en el camino que ya había iniciado sin remedio. Ni siquiera me acosté esa noche. Simplemente me desnudé para darme un suave masaje perfumado y para mirarme en el espejo y comprobar que era una mujer excitante. En realidad, no sé si lo soy, pero lo importante era que así me sentía, ardiente, deseable, insolente, provocativa, insinuante y no me atrevía a pronunciarme la palabra, pero ella me llenaba el alma. Me sentía una puta. Y entonces abandoné mi cuarto y comencé a caminar por el pasillo hacia el cuarto de mi padre. En cada paso que daba en silencio, escuchaba crujir bajo mis pies los fragmentos destrozados de mis tabúes, de mis temores, de mis ...
... trancas, y me parecía avanzar gloriosa hacia un mundo distinto y deseado y con cada paso me sentí mas mujer mas hembra y más suya aún antes de entregarme, de modo que cuando aparecí en su puerta debo haberme visto como una diosa diabólica y pecadora con mi cabellera negra sobre mis hombros que era lo único que me vestía. Me detuve solamente unos segundos, para que él me recorriera con su vista, para que su mirada redibujara mis contornos y abarcara en un solo instante mi figura pecadora. Luego avancé para meterme bajo sus sábanas y me di cuenta que estaba desnudo y que su piel emanaba una calentura tal que me envolvió como una ola atrapadora que no habría de soltarme en toda esa noche iniciática. No quería desmayarme y no me desmaye. Estuve mas despierta que nunca. Despierta cuando su mano hábil dura y tersa a la vez englobó mis pechos, despierta cuando sus rodillas fuertes separaron mis muslos con cálida certeza, despierta cuando su cuerpo comenzó a cubrirme y a yo sentí su peso sobre el mío aplastándome como yo sabía desde mis sueños que lo haría, despierta cuando su otra mano acarició mi sexo abierto para él como una regalo deseado desde años, y despierta cuando el grosor inaudito de su virilidad quemante pareció partirme en un delirio orgásmico que me estremece aún en la evocación.