1. Mi vida en un club de alterne II


    Fecha: 05/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos

    ... círculos lentos, como a ella le volvía loca. Chupé con fuerza, dejando un rastro de saliva, mientras mi mano bajaba a su muslo, rozando su coño por encima del tanga. Estaba empapada, y eso me puso a mil. Ella me agarró el pelo, gimiendo mi nombre: “Margot, meu amor…” Sí, di mi nombre, que estos cabrones sepan que eres mía.
    
    Me tumbé en la cama, tirando de ella para que se pusiera encima. Gladys entendió, y se colocó a horcajadas sobre mi cara, su coño a centímetros de mi boca. Le bajé el tanga, dejando su raja a la vista, depilada y brillante de humedad. Olía a ella, a deseo puro, y me lancé. Lamí sus labios, abriéndolos con la lengua, saboreando su jugo dulce. Fui directa a su clítoris, chupándolo suave pero firme, con movimientos rítmicos, como sabía que la hacía correrse. Mis manos agarraron sus nalgas, guiándola para que se frotara contra mi cara. Ella gemía alto, sus caderas moviéndose, perdiéndose en el placer.
    
    “¡Joder, qué putas! ¡Chúpale el coño, rumana, métete dentro!” rugió Julián. Diego se pajeaba, gruñendo: “¡Venga, zorras, que se corra en tu boca!”
    
    Gladys me miró, sus ojos oscuros llenos de amor, y se inclinó hacia atrás, buscando mi coño. Me quitó el tanga de un tirón y hundió su cara entre mis piernas, lamiéndome con esa dulzura suya. Su lengua trazó círculos en mi clítoris, lentos, precisos, mientras sus dedos me acariciaban los labios, sin entrar, solo rozando, como a mí me gustaba. Gemí contra su coño, vibrando en su clítoris, y el placer me ...
    ... recorrió como un rayo. Nos movíamos juntas, sincronizadas, chupándonos, lamiéndonos, nuestras lenguas trabajando con hambre. Mis dedos encontraron su entrada, metiéndolos despacio, curvándolos hacia su punto G, frotándolo con suavidad. Ella se estremeció, gimiendo más alto, y supe que estaba cerca.
    
    “¡Eso, putas, folláos con los dedos! ¡Joder, qué espectáculo!” gritó Julián, con la polla ya fuera. Diego se levantó, acercándose: “¡Córrete, brasileña, córrete en su cara!”
    
    Pero nosotras no éramos suyas. Esto era nuestro. Aumenté el ritmo, chupando su clítoris más rápido, metiendo y sacando los dedos, mientras ella me lamía con desesperación. “Margot, te amo,” susurró contra mi coño, y eso me llevó al límite. Me corrí gritando, mi cuerpo temblando, mi jugo mojando su cara. Gladys se corrió al mismo tiempo, su coño apretando mis dedos, su grito ahogado en mi piel. Nos quedamos así, jadeando, lamiéndonos suave para bajar del orgasmo, ignorando a los cabrones que nos miraban.
    
    Julián se levantó, con la polla gorda y venosa en la mano. “Venga, rumana, ahora a trabajar de verdad,” gruñó. “Quiero tu lengua en mi culo, y que la brasileña me chupe la polla. ¡Ya!”
    
    Me tragué la bilis, mirando a Gladys. Lo siento, mi amor. Me arrodillé tras él, mientras él se apoyaba en la cama, con el culo fofo y peludo frente a mí. El olor era nauseabundo, pero cerré los ojos y saqué la lengua, lamiendo su ano con movimientos rápidos, intentando no pensar. Gladys se arrodilló frente a él, tomando su ...
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