1. Mi vida en un club de alterne II


    Fecha: 05/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos

    Dos semanas habían transcurrido desde aquella primera noche en que Diego me poseyó con la ferocidad de un animal en celo, en una habitación mugrienta de Las Sirenas, donde el aire olía a sudor y promesas rotas. Hace seis meses, yo era una sombra más en este antro de carretera, una puta rumana con el alma curtida, arrancando euros a clientes con manos ansiosas. Pero ahora, ese viejo cabrón, con su barriga desbordante y sus ojos de lobo, regresaba una y otra vez, como si mi cuerpo fuera un imán para su codicia. Estaba en la barra, bajo la luz mortecina de las lámparas, ajustándome un tanga negro que se hundía entre mis nalgas, cubierto apenas por un vestido rojo que se adhería a mis curvas como una segunda piel. El escote, un abismo generoso, dejaba poco a la imaginación, y mis tacones resonaban en el suelo pegajoso, como un tambor anunciando mi presencia.
    
    La puerta se abrió con un chirrido, y Diego irrumpió, pavoneándose como un rey en un reino de mierda. Su camisa, mal abotonada, dejaba entrever un pecho velludo y sudoroso. Tras él, un hombre gordo, de unos cincuenta, con la cara enrojecida por el alcohol y una sonrisa torcida que destilaba corrupción. Apestaba a colonia barata, un olor que se mezclaba con el tufo a tabaco y desesperación del club. Joder, este viejo ya viene a fardar de mí, y trae a un cerdo aún peor. Diego me vio y sus labios se curvaron en una mueca triunfal, mostrando dientes amarillentos por años de puros y whisky. Me hizo un gesto imperioso, como si ...
    ... ya fuera suya, y se dejó caer en un taburete, pidiendo una botella de Jack Daniel’s con la arrogancia de quien cree comprar el mundo.
    
    “Margot, mi rumana, ven aquí,” gruñó, su voz rasposa cortando el murmullo del local. “Este es Julián, un buen amigo y …mi mejor cliente. Hoy vas a hacer que se sienta en el puto paraíso, ¿me oyes?”
    
    Me acerqué, contoneando las caderas, con una sonrisa de zorra pintada en los labios, aunque por dentro hervía de desprecio. Si este cabrón quiere algo fuerte, que suelte la pasta. Me incliné, dejando que mi perfume de vainilla lo envolviera, y rocé su brazo con las uñas, pintadas de rojo sangre. “Hola, Diego, mi amor,” ronroneé, antes de girarme hacia el gordo, cuyos ojos se clavaban en mis tetas como si quisiera devorarlas. “Y tú, Julián, tienes pinta de hombre que no se conforma con poco.” Le guiñé un ojo, y él soltó una carcajada, su papada temblando como gelatina.
    
    “Hostia, Diego, esta tía es un cañón,” dijo Julián, con la voz pastosa, con aspecto de estar bastante bebido. “¿Dónde la tenías escondida?”
    
    Diego me apretó el muslo, sus dedos hundiéndose en mi carne como si marcara territorio. “Margot es mi joya, amigo. Pero esta noche es para ti. Quiero que te lo pases de puta madre, como nunca.” Sus ojos brillaron con una mezcla de orgullo y codicia, y se giró hacia mí. “Vamos a montar una fiestecita, Margot. Algo que Julián no olvide. Elige a otra chica, y subimos los cuatro. Pero que quede claro: Julián es el rey, y tú y tu amiga tenéis ...
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