1. Mi vida en un club de alterne II


    Fecha: 05/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos

    ... vendían por horas. En el ascensor, Diego me sobó el culo bajo el vestido, sus dedos gordos clavándose en mi piel. Lo dejé hacer, manteniendo los ojos en Gladys, que temblaba ligeramente pero me devolvió una sonrisa valiente. Quédate conmigo, meu amor.
    
    Llegamos a una habitación privada en el tercer piso, un antro sórdido con paredes forradas de espejos que reflejaban nuestra miseria. La luz roja bañaba todo en un brillo infernal, y la cama king-size, con sábanas arrugadas, parecía un altar para sacrificios. La moqueta apestaba a semen viejo, y el aire era denso, como si guardara los gemidos de mil noches. Diego se dejó caer en un sillón de terciopelo raído, frotándose las manos. “Venga, chicas, a darlo todo. Julián, prepárate para alucinar.”
    
    Julián se sentó a su lado, desabrochándose la camisa, dejando ver un torso peludo y fofo, brillante de sudor. “Quiero ver cómo se comen entre ellas, Diego,” dijo, con una voz que destilaba avaricia. “Que se laman los coños como putas hambrientas, y luego ya veremos.”
    
    Me giré hacia Gladys, buscando sus ojos. Esto es nuestro, mi amor, no de ellos. “Primero, las reglas,” dije, acercándome a Diego con un contoneo que sabía que lo ponía burro. “Nada de grabar, nada de mierdas raras sin preguntar. Y si Julián es el rey, ¿cómo empezamos?”
    
    Diego gruñó, sacándose la polla ya medio dura. “Coméos los coños, putas. Poneos cachondas para nosotros. Julián, ¿ y luego qué más quieres?”
    
    El gordo sonrió, con los ojos brillando de crueldad. ...
    ... “Que la rumana me chupe el culo mientras la brasileña me la mama. Quiero sentir a las dos zorras trabajando para mí.”
    
    Diego soltó una carcajada, aunque sus ojos destilaban celos. “Joder, amigo, vas fuerte. Venga, Margot, Gladys, a currar.”
    
    Me tragué el asco y cogí a Gladys por la cintura, acercándola a mí. “Tranquila, mi amor,” le susurré al oído, tan bajo que ellos no lo oyeron. Ella asintió, sus ojos brillando con esa mezcla de miedo y deseo que me volvía loca. Nos subimos a la cama, arrodilladas frente a frente, y empecé a besarla. Sus labios eran suaves, cálidos, con un sabor a gloss de fresa que me hizo gemir. Nuestras lenguas se enredaron, lentas al principio, explorándonos como si estuviéramos solas. Esto es nuestro, Gladys.
    
    “¡Eso, putas, chuparos la boca!” gritó Julián, con la mano ya en la bragueta. Diego gruñó: “Venga, quitadle la ropa, que se vea carne.”
    
    Deslicé las manos por la espalda de Gladys, bajando la cremallera de su vestido. La tela cayó, dejando sus tetas al aire, los pezones oscuros ya duros. Se las acaricié, pellizcándolos suavemente, sabiendo cuánto le gustaba. Ella gimió en mi boca, arqueándose, y me arrancó el vestido, dejándome en tanga. Sus manos bajaron a mi culo, apretándolo con esa dulzura suya, y me mordió el labio. Joder, mi amor, me estás matando.
    
    “¡Hostia, qué zorras! ¡Chúpale las tetas, rumana!” ladró Diego. Julián jadeaba: “Sí, joder, chupádselas fuerte.”
    
    Me incliné, tomando un pezón de Gladys en la boca, lamiéndolo en ...
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