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Una tarde muy húmeda
Fecha: 07/03/2026, Categorías: Intercambios Autor: Eric Salazar, Fuente: TodoRelatos
Como cada vez que nos íbamos de viaje largo, me desperté pronto. A las seis de la mañana salí de la habitación y me preparé un café. Estuve un rato revisando mails y mirando unas cosas del trabajo hasta las siete, que era la hora que habíamos acordado para levantarnos. Abrí la puerta de la habitación y en la más absoluta oscuridad, me deslicé por la parte de debajo de las sábanas hasta sitúame a los pies de Elisa. Separé sus piernas y me coloqué a la altura de su pubis. Con pequeños mordiscos en sus muslos la fui despertando. De repente una mano se posó en mi cabeza y una voz dijo: —Como me gusta que me des los buenos días así. Mmmmmm. Seguí con mi juego y al poco de estar jugando con su clítoris, tuvo su primer orgasmo. Su vulva se humedeció de manera considerable y sus labios se hincharon. Me encantaban sus carnosos labios y jugar con mi lengua a destapar su botón del placer. Al notar el incremento de su lubricación, decidí sumar otro factor a la ecuación. Dos dedos se colaron en el interior de su vagina, mientras mi juguetona lengua volvía a asediar su clítoris. Ahora, su zona G estaba estimulada por dentro y por fuera. Lo que agradeció con un nuevo orgasmo, todavía más intenso que el anterior. Su mano derecha fue a parar a mi pelo y empezó a hacer fuerza, para enterrar mi cabeza entre sus piernas. Podía sentir los espasmos de su clítoris en mi lengua. Como había cobrado vida y se movía de manera involuntaria. Seguimos así unos cuantos orgasmos más. Entonces me ...
... levanté y me fui a la ducha. Estaba enjabonándome cuando Elisa corrió la puerta de la mampara y entró conmigo. Se puso a enjabonarme, poniendo especial atención a mis genitales. Cogió la alcachofa de la ducha y me aclaró. Entonces se puso de rodillas y con sus labios atrapó mi verga. Estaba a media asta cuando hizo esto. Movimiento más que suficiente, para que se me pusiera como una barra de hierro. —Déjame. Quiero guardarte la leche para esta tarde.— Le dije, mirándola a los ojos. —Está bien.— Dijo con voz de pena, tras sacarse mi polla de la boca. Nos terminamos de arreglar y a las ocho y media de la mañana salíamos de viaje a nuestra aventura en la capital. Paramos a mitad de camino a desayunar y nada más detener el coche, su mano izquierda, se posó en mi entrepierna, haciéndome reaccionar inmediatamente, provocándome una erección que se marcaba en mis pantalones de una manera exagerada. —Quiero que salgas así, empalmado y con ese bulto. —Se va a quedar mirando la gente. —Eso es lo que quiero. Que las tías se queden mirando tu paquete. Que babeen. Vamos a jugar a provocar. Entramos así en el restaurante. Yo con una erección que no quería bajar y mi mujer detrás de mí. —Voy al baño. Pide tú.— Dijo Elisa dirigiéndose hacia el servicio. Me acerqué a la barra y había poca gente pidiendo ahí, casi todos estaban sentados en mesas. Ordené los cafés y me senté en una mesa esperando a que mi mujer viniera. Cuando la vi aparecer, casi se me para el ...