1. Una tarde muy húmeda


    Fecha: 07/03/2026, Categorías: Intercambios Autor: Eric Salazar, Fuente: TodoRelatos

    ... corazón. Se había quitado la chaqueta que llevaba cuando habíamos entrado. El vestido que se había puesto, apenas le tapaba las tetas. No llevaba sujetador y el escote era tan bajo que el vestido se veía desbordado por los turgentes senos de mi esposa. Se sentó en la mesa y echó las bragas encima del tablero. Me las quedé mirando y acto seguido las cogí en un puño. La sonrisa de mi mujer era deliciosamente morbosa. Estaba juguetona y lo íbamos a pasar muy bien en ese viaje. Me llevé las bragas a la nariz y aspirando su aroma más íntimo, dije:
    
    —Mmmmm. Deliciosa. Que bien te huele el coñito. Voy al baño yo.
    
    Me fui directo al servicio con una sola idea. Devolverle a mi mujer su osadía. Entré en un cubículo, me quité los calzoncillos y me los guardé en un bolsillo.
    
    Llegué a la mesa y ya estaban los cafés. Me llevé la mano al bolsillo y sacando mis bóxer, los eché encima de la mesa, al lado de su café.
    
    —Esto es para tí.
    
    —Gracias. Pero te has perdido la mirada del camarero a mis tetas cuando ha traído los cafés.
    
    —Sí, vas así, te mirará todo el mundo. No me cabe duda. Pero yo ahora voy muy suelto también.
    
    Aún no acababa de decir esto cuando noté un pie en mi entrepierna.
    
    —Me la vas a poner dura. Ahora sí que se marcará libremente.
    
    —Eso es lo que quiero. Que se te ponga gorda y se marque en el pantalón.
    
    El roce de su pie y la charla caliente estaban haciendo efecto y mi verga estaba alcanzando dimensiones considerables.
    
    —Ya puedes ser a pagar.— ...
    ... Dijo Elisa, retándome a levantarme.
    
    —Voy.
    
    Me levanté y al empezar a andar mi verga comenzó a moverse de lado a lado, levantando la fina tela de mi pantalón.
    
    Fui a la caja y giré la cabeza para ver a mi esposa. Estaba mirando fijamente el bulto de mi entrepierna.
    
    Levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con los míos. Esa mirada de lujuria no tenía precio.
    
    Salimos del restaurante y una pareja que entraba se nos quedó mirando.
    
    Los dos nos echamos a reír y nos montamos en el coche. Nos dimos un beso muy ardiente y arranqué el coche.
    
    En una hora y media ya estábamos aparcando en el subterráneo del hotel donde tenía la reserva.
    
    Subimos a la recepción con las maletas e hicimos el check in. Dejamos las cosas en la habitación y nos tomamos otro café en el bar del hotel. Ahí, sentados, planeamos donde íbamos a ir a tomar vermut. Al estar cerca del spa, no quería aléjame de la zona.
    
    Preguntamos en la recepción del hotel por zonas de pinchos y nos recomendaron un viejo mercado, reconvertido en una galería de puestos de tapas y pinchos. Estuvimos tomando vermut y así comimos. A las tres ya habíamos acabado, así que nos fuimos al hotel a echarnos la siesta. En el mismo momento de echarnos a la cama, mi mujer se abalanzó encima de mí y comenzó a morderme en el cuello mientras me sujetaba la verga con fuerza.
    
    —Voy a follarte yo.— Me dijo con tono amenazador.
    
    —Pues vamos, fóllame.— Respondí, retándola.
    
    Me puso una mano en el pecho, mientras con la otra ...
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