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Qué iba a saber yo (8) Buenos días
Fecha: 08/03/2026, Categorías: Gays Autor: Bartowski, Fuente: TodoRelatos
... suavidad. —Bueno, es que… vaya rabo —solté sin pensar. Era lo único que me venía a la mente. No podía apartar la mirada de aquel trozo de carne palpitante. Esbozó una sonrisa lasciva y se acercó más a mí. Tomó mi mano con suavidad y la colocó alrededor de su miembro. Notaba el calor que desprendía y las pulsaciones que lo agitaban. —Aquí lo tienes. Todo tuyo —Como de costumbre, pasó su brazo por detrás de mis hombros y me quedé de lado, pegado a él. Apreté con convicción aquella barra de hierro caliente y subí la mano hasta la punta, para cubrir por completo el glande con su piel. Después la bajé, dejando al descubierto poco a poco su capullo, hasta que el frenillo quedó tensado. El olor de su miembro me azotó las fosas nasales y aproveché para cerrar los ojos e inhalar. Desvié mi mirada hacia la de John sin dejar de masturbar su rabo. Con los ojos medio cerrados, me miraba extasiado. Sujetó con delicadeza mi rostro por la mejilla y lo acercó al suyo. Sentía su respiración caliente rozando mis labios, las palpitaciones de mi corazón a mil y su rabo latiendo en mi mano. Finalmente, cerró los ojos y posó sus labios sobre los míos. Un primer y breve contacto que desencadenó una ráfaga sucesiva de besos. Con cada roce, íbamos un paso más allá. Cada vez eran más atrevidos, húmedos y llenos de pasión. Su lengua entró en mi boca para jugar con la mía. Las caricias de su mano en mi rostro fueron bajando hasta rozar mi miembro. Sentí un escalofrío recorrer mi ...
... espalda al notar cómo jugaba con él. No pude evitar soltar un gemido que quedó silenciado entre nuestros labios. —Las ganas que tenía de hacer esto contigo desde que nos encontramos en el gimnasio… —Soltó a mi oído, con la voz agitada, sin parar de masturbarnos mutuamente. Me sorprendí al oír aquello, y como de costumbre, no supe qué decir. Ante mi silencio, esbozó una sonrisa y añadió: —Ahora me dirás que tú no, ¿eh? —Y agitó mi miembro de un lado a otro para enfatizar sus palabras. Me mordí los labios, reprimiendo un gemido. —Y no solo de esto… —le confesé finalmente. —¿Ah, sí? —dijo con un tono aún más excitado—. ¿Qué más querías hacer? —Entrar contigo en las duchas y… —¿Y…? —Alzó una ceja con curiosidad. Cada vez el ritmo de nuestra paja mutua era más rápido. Sentía su rabo cada vez más duro. —Y, bueno… comernos la boca, acariciar nuestros cuerpos… —Eso sería la hostia. —Sí… John, no puedo más, me voy a correr —solté con urgencia, en un susurro. Él apresuró la paja y yo empecé a acelerar el ritmo de la suya. —Yo también es-estoy… a punto de caramelo… Uff… Zacky… uff, me corro… me corro —Soltó un rugido de placer, que no pudo reprimir, y empezó a correrse de manera abundante. Los primeros trallazos de lefa salieron disparados hacia su pecho peludo, y algunos cayeron sobre el mío. Después fueron manchando sus abdominales, su vientre… y finalmente mi mano. Con esa escena ante mis ojos, no pude evitar empezar a correrme como una ...