1. Qué iba a saber yo (8) Buenos días


    Fecha: 08/03/2026, Categorías: Gays Autor: Bartowski, Fuente: TodoRelatos

    ... fuente. Al estar de lado, la mayoría de mi corrida fue a parar sobre su abdomen y vientre.
    
    El olor de nuestro semen invadió la habitación. Estábamos sudando, con la respiración agitada y los corazones a mil. No podía apartar mi mano de su miembro, que había perdido algo de fuerza, pero seguía morcillón. John tampoco apartaba la suya del mío.
    
    —Joder, chaval. Vaya fuente de leche tienes —Carcajeó en tono jocoso, mirando el desastre que habíamos creado—. Me has puesto perdido.
    
    —Estás tú para hablar. Un poco más y me entra en la boca —Solté bromista, observando cómo el pelo de su pecho se apelmazaba con su semen.
    
    Cuando me escuchó decir esto, su expresión cambió. Se puso serio, con cierto brillo de excitación en los ojos. Nuestras miradas se cruzaron un instante, hasta que rompió el silencio. Con voz dubitativa y sin dejar de mirar mis labios, dijo:
    
    —¿Y… qué hubieras hecho?
    
    Antes de que ni siquiera tuviera tiempo de pensar mi respuesta, mojó el dedo índice de su mano con el semen de su pecho y lo dirigió a mi boca. Lo tenía a escasos centímetros. El olor de su leche era penetrante, al igual que su mirada, que no perdía detalle alguno.
    
    Sin formular palabra, abrí la boca e introdujo su dedo. Lo chupé y succioné la sustancia caliente y viscosa sin dejar de mirarlo. El sabor agridulce de su leche me supo a gloria. Soltó un bufido cargado de morbo e introdujo el dedo hasta el nudillo.
    
    —Chaval, me la estás volviendo a poner dura. Joder… —susurró, y sacó el ...
    ... dedo de mi boca.
    
    —Qué pena… —le contesté con voz pícara, apretando su rabo, que aún chorreaba esperma.
    
    —Bueno… —Dijo con una sonrisa encantadora, a la par que lo hacía palpitar—. Si quieres más, es mejor que la tomes caliente.
    
    Acaricié su pecho y empecé a juguetear con su semen aún caliente. Me incliné, acercando mis labios a su pecho, cuando de repente alguien llamó a la puerta.
    
    Apenas nos dio tiempo a taparnos con la sábana antes de que Alex abriera.
    
    —¡Buenos días chi…! —Se frenó al vernos. El brazo de John seguía sobre mis hombros y apenas la sábana nos cubría hasta las axilas. Se veía cómo la tela se humedecía con nuestro sudor y esperma, dejando manchas oscuras.
    
    —Cos… —balbuceó.
    
    —Alex, Alex, tío, no es lo que parece —se apresuró a soltar John.
    
    Alex, por su parte, solo hizo aspavientos con una de sus manos, como indicando que no quería escuchar nada más, y dijo todo de carrerilla:
    
    —Lo siento, os veo abajo. Tenéis toallas en el armario del baño —Y cerró la puerta de golpe.
    
    Me llevé la mano limpia a la cara y negué para mí mismo. John no podía haber dicho otra cosa que lo más típico que se suelta cuando es obvio que sí está pasando algo.
    
    John y yo nos miramos. A esas alturas nuestras erecciones habían bajado por completo. Era difícil saber qué estaría pensando Alex ahora mismo, pero no había nada que le pudiéramos decir para que no pensara que algo había pasado entre nosotros. Solo el olor de la habitación ya hablaba por sí solo.
    
    —Menuda la ...
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