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Una Compañera Para Aristemeión
Fecha: 09/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos
... montañas, el atardecer... o las nalgas atractivas de un joven en la palestra," enumeró, sus labios formando una sonrisa más que sugerente. Aristemeión se sonrojó y respiró profundo, intentando controlar su erección que volvía a crecer bajo la mesa. Ella estiró la mano, tomando una uva de la bandeja y ofreciéndola a Aristemeión. "Abre la boca," le dijo Hebenice, y Aristemeión obedeció, sus ojos no podían dejar de mirarla. Ella la mantuvo a escasos centímetros de su boca, haciéndola pasar lentamente por sus labios, hasta que la introdujo en su boca. Su piel se erizó ante el contacto de sus dedos contra sus delgados labios. Masticó la uva, saboreando la dulzura que se deshacía en su boca, y la tragó. Hebenice le tomó la mano, entrelazando sus dedos. "Vayamos a mis aposentos," sugirió Hebenice, su tono suave y seductor. "Allí podremos... hablar sin que nos moleste nadie," murmuró, girando apenas su cuello, refiriéndose a los demás comensales y ciudadanos que disfrutaban de la noche en la taberna. A pesar de los halagos y silbidos de los presentes, ella no dejaba de mirarle con pasión a medida que lo guiaba hacia las escaleras que conducían a las habitaciones privadas del piso superior. Para ella no existía nadie más en la taberna, o en el mundo; solo Aristemeión y la ardiente atracción que sentía por el joven. Caminaron por el rellano, escuchando algunos gemidos y jadeos provenientes de las habitaciones, sonriendo Hebenice con picardía y él con las mejillas ...
... ardiendo. Abrió la puerta de su habitación, permitiéndole entrar primero. La estancia era austera, iluminada solo por la luz tenue de un par de velas que ardían en un candelabro de bronce. Había un pesado cofre de madera al pie de la cama, supuso donde ella guardaba sus cosas. El lecho, ricamente decorado en la cabecera con la talla de una gorgona, tenía las patas en forma de zarpas de león, las delanteras más bajas, varias almohadas sobre el lecho de lana. Hebenice se adelantó y descubrió la ventana, permitiéndole a la brisa circular levemente. Aristemeión cerró la puerta, cohibido. Sus ojos azules lo miraban fijamente, penetrantes. Su silueta en parte iluminada por la tenue luz de la vela, la otra mitad de su cuerpo en las sombras. "Quiero estar dentro de ti," murmuró Hebenice en un susurro que erizó la piel de Aristemeión. Sin mediar palabras, lo atrajo hacia ella, sus cuerpos apretados uno contra el otro. Sus manos recorrieron su espalda, podía sentir su miembro ya erecto contra el suyo por debajo de la ropa. Su boca se unió a la suya, un beso profundo y apasionado que le robó el aliento. Su lengua se enroscó con la suya, explorando su boca con un deseo que le hacía temblar las piernas. Aristemeión se entregó a la sensual invasión. Sus manos se movieron por su silueta firme y curvilínea, acariciando cada centímetro de la piel que sus dedos encontraban. El tacto suave de la tela del quitón de Hebenice se desvaneció al deshacerse de las finas fíbulas en el hombro y del ...