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Una Compañera Para Aristemeión
Fecha: 09/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: Liver96Oficial, Fuente: TodoRelatos
... luchar, a correr, a discutir con elegancia. Será duro, sin duda, pero es lo que hacemos los griegos. A su debido tiempo, nosotros tomamos la iniciativa de formarnos, es momento que tú hagas lo propio." Aquel era un paso muy grande para él. A su abuelo siempre le había importado la educación, el saber, la destreza y apariencia. Aristemeión no era para nada un joven poco agraciado, era de estatura mediana, con los ojos negros brillantes y piel clara a pesar del sol anatolio, y poseía un cabello ondulado que le caía por las orejas y le daba un aspecto un tanto juvenil, debido a la carencia de barba en su rostro. Su cuerpo era delgado, pero sin duda resistente por el duro trabajo en el campo. Sin embargo, la idea de acudir a un gimnasio y exponerse delante de los demás, no era lo que anhelase con demasía. "Tal vez podría... no sé, hacer otras cosas en la polis," balbuceó Aristemeión, evitando la mirada firme de sus mayores. Su abuelo se rió con afecto, pero volvió a adoptar una expresión de intransigencia. "No hay nada malo en el gimnasio, Aristemeión. No debes sentirte intimidado por mostrar tu cuerpo, en la palestra los jóvenes suelen entrenar sin ser vistos por los demás". Su padre, que lo miraba con un brillo de orgullo en la mirada, asintió. "Es cierto, eso te ayudará a adaptarte a estar desnudo, luego ya no te sentirás cohibido". Algo menos avergonzado, Aristemeión asintió con resignación. "Muy bien, abuelo. Mañana iré al gimnasio." Sus mayores ...
... sonrieron, complacidos, y su padre le dio una palmada en la espalda. "Eso es, muchacho. Te convertirás en un gran hombre." La cena transcurrió en un ambiente festivo, con la noticia del inminente inicio de la educación de Aristemeión en el gimnasio. Su abuelo, con la satisfacción de continuar la tradición, contó historias de su juventud en Atenas, de sus proezas atléticas y de los amigos que forjó en aquellos duros entrenamientos. En su cama y con la luz plateada de la luna cayendo sobre él a través de la ventana, Aristemeión se revolvía inquieto. La idea del gimnasio le causaba un tumulto de emociones que le dificultaba conciliar el sueño. Temía sentirse inadecuado, debido a su físico delgado y a su falta de conocimiento para ejercitarse, podría acabar viéndose ridículo. Sin embargo, por sus mayores haría el intento, la tradición familiar era sagrada y la opinión de su abuelo, inapelable. Poco antes que el sol comenzase a asomar por el horizonte, Aristemeión se levantó con la firme decisión de no defraudar a sus padres. Se vistió con un quitón largo y suelto, se amarró la cintura con un cinto y se puso unas sandalias de cuero. La bruma de la mañana cubría el suelo de piedra de las calles mientras iba comiendo frutas de camino al gimnasio, el olor a las flores recién abiertas se entremezclaba con el aire fresco del amanecer. El gimnasio se hallaba a unos doscientos metros del anfiteatro, un recinto semicerrado con un patio central cubierto de arena y alrededor del cuál se ...