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Vacaciones en casa de mis tíos
Fecha: 10/03/2026, Categorías: Hetero Autor: kittysumise79, Fuente: TodoRelatos
No sabía si me latía tan rápido el corazón por el calor o por los nervios. Quizá ambas cosas. El aire en la isla tenía ese olor salado y limpio que recordaba de niña, pero al mismo tiempo… todo me parecía más grande. Más ajeno. Como si los años hubieran encogido mis recuerdos, o agrandado la casa. El taxi me dejó frente a la verja blanca que se abría al camino de grava. A un lado, palmeras. Al otro, las bugambilias estallaban en rosa. Me quedé parada un segundo, sujetando la maleta como si fuera un escudo. Suspiré. No era tan difícil. Solo era una casa. Solo eran mis tíos. Solo era un verano. Toqué el timbre. —¡Mía! —La voz de mi tía Ana explotó en alegría desde el porche. Me abrazó con fuerza en cuanto crucé el umbral. Llevaba un vestido blanco y el pelo suelto, igual que cuando yo tenía siete años y ella me enseñaba a hacer coronas de flores. Me apartó un poco para mirarme—. Estás guapísima, hija. ¡Pero qué mujer te has hecho! Me sonrojé al instante. Nunca he sabido encajar bien los cumplidos. Y menos si van acompañados de esa mirada de inspección que se posa justo donde una no quiere. El pecho, herencia de mi madre, demasiado grande para mi gusto, la cintura diminuta y el culo prominente. —Gracias, tía —murmuré, bajando la vista. Me revolví el pelo como si así pudiera esconderme un poco. Siempre me habían dicho que era llamativa. Pelo largo castaño oscuro, ojos grises, piel blanca de la que se quema con facilidad y labios plenos. —¡Miguel! ¡Ven a ver ...
... a tu sobrina! —llamó ella. Y al instante apareció mi tío, con su eterno bronceado de hombre de mar y esa sonrisa de anuncio de pasta de dientes. Era más joven que tía Ana, cuando se conocieron él tenía 18 y ella 28, tanto vigor juvenil dio sus frutos a los 3 meses con mi primo Marcus, con el que me llevaba cinco años. —¡Pero si es la pequeña Mía! Vaya cambio, ¿eh? —Me revolvió el pelo y luego me dio un beso en la mejilla—. Ya casi dieciocho, ¿no? —Dentro de unos días —asentí, sonriendo sin saber muy bien dónde meter las manos. Me condujeron dentro como si fuera una invitada de honor, pero todo me resultaba más lujoso de lo que recordaba. La casa tenía tres plantas, techos altos, suelos de piedra clara y ventanales abiertos de par en par. La brisa del mar se colaba por todas partes, aunque no lo suficiente como para aliviar el bochorno. Repasé con los ojos algunas de las fotos familiares y mis tíos me informaron de las reformas que habían hecho en los últimos años. —Marcus duerme en la azotea —explicó mi tía mientras subíamos—.Tony está justo al lado de tu habitación. Compartís baño, pero es amplio, decidimos dejar esta planta así para que ganara espacio y nosotros dormimos abajo, en la que antes era la habitación de invitados. Es la zona más fresca y mejor insonorizada de la casa, que buena falta nos hace con ese par. —Han salido a mí —dijo Miguel juguetón. Mi tía le restó importancia. —No le hagas caso, aunque imagino que ya sabes como son los chicos a ...