1. ¿qué me has hecho tú?


    Fecha: 13/03/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos

    A veces, en las noches solitarias, en la oscuridad de mi cuarto, la recuerdo con ansia.
    
    Lo primero que me gustó de ella en cuanto la vi fue esa sonrisa tan blanca y tan grande. Ella misma era grande, fuerte, robusta, entrada en carnes, curvilínea y alta, con la piel color café, los ojos rasgados, los labios amplios y suaves y los dientes extraordinariamente blancos.
    
    Tenía una melena espesa, negra como la más negra de las noches, de pelo liso y duro, muy largo, muy flexible, aunque solía recogérsela en un moño de batalla para que no le molestara a la hora de trabajar. Sus manos eran grandes, y sus pies pequeños, y me hizo gracia que las uñas de unas y otros estuviesen pintadas de rojo.
    
    Lucía casi siempre una sonrisa contagiosa y dulce, y a menudo esa sonrisa se convertía en una carcajada expansiva y espontánea ante la que era imposible mantenerse serio. Tenía los pómulos altos, la nariz chata, las cejas anchas, el mentón un poco prominente y un cuello no muy largo pero bastante delgado en relación con su cuerpo, que era amplio y lleno de curvas suaves y redondeadas.
    
    Sus pechos eran enormes, colosales, algo caídos pero más firmes, en cualquier caso, de lo que cabría esperar de unos pechos de ese calibre y una mujer de esa edad. Sus pezones, redondos y de color chocolate, eran especialmente grandes, y bastante sensibles.
    
    Su culo era grande, ancho, redondeado, le temblaba al andar y tenía un tacto suave y morboso. Sus piernas eran deliciosamente rollizas en la ...
    ... mitad superior del muslo y delgadas en el resto de su extensión, lo que no dejaba de resultar curioso.
    
    Tenía también una barriga un poco prominente y más bien blanda que a ella le acomplejaba bastante, pero que era muy agradable al tacto, sobre todo cuando, tumbada boca arriba, uno apoyaba la cabeza en su vientre.
    
    Su coño era grande, muy grande, con unos labios mayores firmes pero muy abultados, y lo llevaba rasurado por completo. El interior de su vagina era prieto, firme, terso, y lucía un color rosa muy claro que hacía un contraste muy llamativo con el tono casi negro de los labios que lo enmarcaban. Exactamente lo mismo ocurría con su lengua.
    
    Tenía, ya que hay que decirlo todo, varias cicatrices cuyo origen no viene ahora a cuento, y una pequeña cantidad de marcas y manchas en la piel que según se mire la afeaban un poco o la hacían única e irrepetible, porque de alguna manera contaban, para los ojos de aquel que supiese leerlas, la azarosa historia de su vida.
    
    También se le notaban, por el contraste entre lo oscuro y lo muy oscuro, las marcas de haber tomado el sol con un bañador que era, según ella misma decía, “de vieja, tudo tapado, porque con este cuerpo...”, aunque lo cierto es que a mí su cuerpo me gustó desde el principio.
    
    Hablaba en voz baja, muy suave, pero reía mucho y muy fuerte por casi cualquier cosa. Sus manos, no sé si ya lo dije, eran grandes y fuertes, pero muy delicadas.
    
    Ella misma era así: grande y fuerte, pero delicada. Madura, pero con ...
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