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¿qué me has hecho tú?
Fecha: 13/03/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos
... un algo de travesura infantil. Alegre a pesar de arrastrar una vida llena de penas. Tierna con todos pese a que a ella nadie le dio el cariño que merece. Y tal vez fue por eso que algo pasó entre nosotros, aquella primera noche, algo que no era exactamente lo que yo esperaba que ocurriese, algo que no estaba en mis planes ni en los suyos. Yo no esperaba de ella esa ternura, esa alegría esforzada, esa sonrisa llena de luz ni esa mirada hermosa y levemente triste. Supongo que ella no esperaba de mí aquella delicadeza, aquel cariño, aquellos ojos ansiosos ni aquella forma de hacerle el amor. En la radio, una de esas cantantillas jóvenes y pazguatas cantaba algo acerca de dos personas que encuentran el amor en un lugar donde es imposible encontrarlo, y no sé por qué se me ocurrió que aquella canción hablaba de nosotros dos, de nuestras caricias ridículamente tímidas, de nuestros besos, más entregados de lo que hubiese sido recomendable... Y es que yo creo que sea posible que el amor, el amor de verdad, el bueno, ese del que llevan siglos escribiendo los poetas, aparezca así, entre una puta y su cliente, en un cuarto alquilado, mientras en el pasillo contiguo resuenan pasos apresurados y susurros indescifrables. Eso, sencillamente, no pasa. Nunca pasa. Pero en aquella ocasión pasó. Me pasó a mí. A ella. A nosotros. No creo que sea posible enamorarse en esas circunstancias, no lo creo; y sin embargo juraría que era amor lo que leí en sus ojos mientras ...
... me acariciaba la cara y me llamaba “mi niño bello”, que era amor lo que se insinuaba en mi corazón mientras ella se me acurrucaba en el regazo suspirando y yo deslizaba suavemente mis dedos por su espalda, que era amor lo que vi en su rostro oscuro y dulce cuando, al despedirme, me susurró que siempre se acordaría de mí. Y yo, en las noches solitarias como estas, la recuerdo también… Recuerdo su cuerpo oscuro y ágil como una sombra, inmenso y cálido como un mar en calma. Recuerdo su sonrisa tan blanca apareciendo en tu cara como un rayo de luna en mitad de una noche desprovista de estrellas. Recuerdo, sí, la caricia profunda de sus ojos entrecerrados, y su voz preguntándome “¿Qué me has hecho tú?”, llamándome “Mi niño bello”, convirtiéndose en un susurro para decirme “Me recordaré de ti”. Recuerdo, sí, el humo de sus cigarrillos envolviéndonos a los dos como una neblina en la que se disipasen un poco (solo un poco) los malos recuerdos. Recuerdo sus manos, tan grandes, tan fuertes, tan delicadas, tan habilidosas. Le recuerdo acurrucándose junto a mí en busca de las caricias que nadie, lo que son las cosas, tuvo la delicadeza de darle. Nadie, a ella que es tan delicada, tan dulce, tan cariñosa, que casi temí hacerle caso cuando me pidió que la follara por un estúpido temor a hacerle daño, a ella precisamente, que es más grande y más fuerte que yo, y sin embargo… Recuerdo sus besos cálidos y húmedos, y la blandura incitadora de sus pechos, y sus bromas, y el ...