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¿qué me has hecho tú?
Fecha: 13/03/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos
... sabor de la cerveza derramada sobre sus labios y sus pezones. Recuerdo cómo me empujó sobre la cama y se me echó encima relamiéndose, cómo me puso los pechos en la cara y me dijo “todo lo que tengo es para ti. Todo tuyo, todito”. Recuerdo con qué mimo me lavó la polla, manoseándola despacio, besándome le nuca, apoyándome las tetas en el hombro, riendo al ver cómo me empalmaba yo en cuanto me acariciaba. Recuerdo que me comió la polla hasta los mismísimos cojones, mirándome a los ojos, metiéndose mi capullo hasta la garganta; recuerdo que se metía y se sacaba mi rabo de la boca y se golpeaba las mejillas con él, que luego lo acariciaba con los labios para volver a devorarlo completamente. Recuerdo que envolvió mi cipote con la carne suave y caliente de sus senos y empezó a masajearlo; yo no podía contenerme y me movía adelante y atrás, como follándole las tetas, y ella dejaba caer su saliva en mi glande y me decía “así, así, corazón”, y en un momento dado atrapó con los labios la parte de mi polla que asomaba entre sus ubres y empezó a mamarla mientras agitaba mi rabo entre sus tetas nuevamente. La recuerdo montada sobre mí, en cuclillas, del derecho y del revés, cabalgando con tanta fuerza que la cama parecía a punto de desmanguillarse, gimiendo y retorciéndose como loca mientras se mordía los labios y jadeaba, acariciándome el pecho con las manos crispadas. Recuerdo que su coño era grande y estaba caliente y empapado, de manera que mi polla entraba en él ...
... con una facilidad pasmosa. Recuerdo cómo me hizo follarla a cuatro patas con toda la fuerza posible mientras se masturbaba frenéticamente y chillaba pidiéndome que le diera más fuerte, su pelo ya suelto y despeinado cayendo por su espalda como una catarata de sombras desbocadas, su mano izquierda agarrando el cabecero de la cama, crispada y tensa como un ave de presa esperando echarse a volar… Recuerdo que los pelos de su chocho, que empezaban a asomar, agresivamente resurgidos del holocausto depilatorio, me pinchaban los huevos cada vez que la penetraba a fondo, y recuerdo que aquello no solo no me molestaba, sino que me ponía cachondo. Recuerdo que me ofreció su ojete, pero lo rechacé porque su coño era demasiado delicioso como para cambiarlo por nada del mundo. Recuerdo que después se quedaba tendida en la cama, sonriente, suspirando, diciéndome “¿Pero qué me has hecho tú?”. Recuerdo sus besos, calientes y húmedos, tímidos al principio, apasionados hasta la furia después. Recuerdo su lengua entrando en mi boca como un ciclón embravecido, y jugueteando con mis orejas mientras ella me susurraba “Ahora me la vas a meter otra vez como a mí me gusta, dura como una piedra. Me la vas a meter todita porque quiero sentirla en mi coño, dura como una piedra”. Recuerdo que al correrme en su raja perdía yo el aire por unos instantes, como si el mundo se detuviese, como si me fuese a morir en aquel preciso instante. Recuerdo el tacto suave de su piel, el bamboleo ...