1. Lizbeth


    Fecha: 16/03/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... ella tomaba sus pechos sobre su vestido y apretaba con fuerza mi brazo. Subía su cara como queriendo tomar aire. Ya estaba muy mojada, se escuchaba lo mojado que estaba todo entre nosotros. Se escuchaba cómo nuestros cuerpos chocaban. Verla así de caliente me tenía sorprendido. nunca había sido así de atrevida, tenía poco tiempo con esta nueva personalidad y me encantaba.
    
    El verla de pie balancearse sobre mi verga como montándola era de lo más sexy. Con una mano la sostenía de la pierna derecha, con mi otra mano que tenía libre empecé a estimular su vulva. Su clítoris estaba hinchado. El simple roce de mis dedos la hacía voltear la cabeza, estiraba su cuello como desesperada.
    
    Sus ojos en blanco mientras la estimulaba.
    
    En eso empezó a dar gritos ahogados. Estaba conteniéndose lo más que podía de gritar, pero no podía más contenerse. Sentí el aumento de su ritmo y me acerqué más a ella, introduciéndome más. Se abrazó de mí con sus dos brazos. Después vi cómo acercaba a mí su otra pierna. Se la metí toda y tomé su otra pierna.
    
    Tenía todo de mí dentro de ella, ella estaba suspendida entre mí y la pared. Se movía como una diosa y se estimulaba ella sola. En eso empezó a sonar otra vez la alarma —no la apagués. No te detengas.
    
    Seguí sus deseos, ella se estimulaba con una mano y con la otra se apretaba los pezones. Yo cargaba con ella y el verla así me tenía muy emocionado. En eso siento cómo se estremece todo su cuerpo y se detiene de golpe.
    
    Da un suspiro que se ...
    ... vuelve gemido y se vino a chorros. Me baño con squirt. Lleno mi camisa y un poco mi pantalón. Eso me terminó por hacer venir a mí también. Le di una fuerte embestida y la puse toda contra la pared con el peso de mi cuerpo. La llené toda de semen. Descansamos unos segundos dentro de ella para salir y bajarla.
    
    Apagamos la alarma. Y nos arreglamos la ropa. Nos dimos unos cuantos besos; en eso empiezan a tocar la puerta muy fuerte. Yo estaba cambiado. En cuanto se cubrió, Liz abrí la puerta con cuidado.
    
    Era el gerente del lugar con dos weyes de seguridad. Tenía la cuenta en la mano. Salí, apenadísimo, cuidando de no abrir mucho la puerta. Me disculpé con ellos, con tarjeta pagué la cuenta dejando el 20 % de tip y en efectivo le di dinero al gerente y a quienes lo acompañaban. Muy probablemente, Liz ya no querría volver nunca. Pero tenía que evitarme a toda costa un escándalo o un problema con el lugar.
    
    Porqué nos conocían. Sabían quiénes éramos, pues éramos clientes frecuentes hasta antes de esto.
    
    Al terminar de arreglar las cosas con ellos. Les pedí que si me podían conseguir algo para taparme o cambiarme. Estaba completamente empapado. El gerente muy amable me dijo que me prestarían una frazada que se ofrece a la gente que come en la terraza. Sin tardar ni un minuto me entregaron la manta y me disculpe para entrar con Liz.
    
    Ella me esperaba nerviosa. De solo verla reí un poco y le dije que nos fuéramos rápido.
    
    Total nos fuimos. camino a casa no dejábamos de reír ...
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