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El descontrol de mi hijo - 3
Fecha: 18/03/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos
... deseo. Mis ojos se pusieron en blanco, el placer mezclándose con la culpa, y grité bajito mientras él aceleraba, su respiración pesada contra mi nuca. Andrés seguía mirando, su bulto palpitando, y pensé en su mirada mientras José rugía, “¡Mío, papá!” Su cuerpo se tensó, sus piernas temblando, y sentí su corrida explotando dentro, caliente y espesa, llenándome mientras su polla palpitaba con cada chorro, un líquido abundante que resbalaba por mis muslos. Me corrí con él, mi semen salpicando el suelo en ráfagas blancas, mi cuerpo temblando de placer mientras jadeaba, exhausto. José se retiró, dejándose caer en el sofá, su polla flácida colgando entre sus piernas, brillando con restos de semen y sudor, su pecho subiendo y bajando rápidamente. Yo, sin fuerzas, me desplomé en el suelo, tirado junto al sofá, mi mente un caos, sin saber cómo gestionar lo que acababa de pasar ni la vergüenza de haberlo hecho delante de Andrés. Él se acercó, poniéndose en cuclillas a mi lado, su voz grave rompiendo el silencio. “Joder, no esperaba esto. ¿Estás bien? Parece que lo disfrutaste.” Asentí débilmente, la cara ardiendo. “Sí… pero me da vergüenza, Andrés, eres mi amigo.” Él puso una mano en mi hombro, diciendo, “Tranquilo, soy tu amigo, no pasa nada. No tienes por qué avergonzarte conmigo. Vi cómo te entregaste, y está bien.” Hizo una pausa, mirándome con seriedad. “Mira, he visto cómo pasa esto. Lo consientes demasiado, y él no entiende quién manda. Si sigues así, se va a aprovechar ...
... más. Deberías marcar territorio, enseñarle quién está al control. No puedes dejar que te domine así, o esto va a empeorar. Piensa en cómo te ha tenido aquí, gimiendo como si no hubiera mañana, y tú sin ponerle freno. Necesitas tomar las riendas, o alguien más lo hará por ti.” Me quedé callado, procesando sus palabras, y él continuó, “Si no puedes hacerlo, puedo ayudarte. Mira cómo se dejó caer, como si todo le perteneciera. Necesita aprender. ¿Qué dices, te ayudo a ponerlo en su sitio?” Antes de que pudiera responder, se inclinó hacia José, que seguía exhausto en el sofá. Con un movimiento firme, Andrés le agarró el cuello con su brazo corpulento, inmovilizándolo contra los cojines. José se retorció, gritando, “¡Suéltame, qué haces!” pero Andrés lo mantuvo quieto, ensalivándose bien el dedo corazón con un movimiento lento y deliberado antes de metérselo por el culo. José se arqueó, intentando zafarse, sus piernas pateando el aire. “¡No, para!” gritó, su cuerpo tenso, pero no podía escapar de la fuerza de Andrés. Andrés mantuvo el dedo dentro, moviéndolo con precisión, el músculo de José apretándose alrededor mientras él jadeaba, su resistencia luchando contra la invasión. Tras varios forcejeos, Andrés sacó el dedo, ensalivó dos dedos con un chorro generoso de saliva, dejando que el líquido brillara entre ellos, y se los volvió a meter, abriendo más a José con un movimiento firme. “Shhh, tranquilo, es por tu bien,” dijo con voz firme pero cálida, su otra mano sujetando el ...