1. El descontrol de mi hijo - 3


    Fecha: 18/03/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos

    ... cuello de José con cuidado. José seguía resistiéndose, sus gritos convirtiéndose en jadeos entrecortados, pero poco a poco sus gemidos bajos reemplazaron las protestas, su cuerpo relajándose, aceptando el placer, su polla endureciéndose de nuevo bajo la presión de los dedos de Andrés. La sensación era intensa, los dedos de Andrés explorando cada rincón, estirando el ano de José con un ritmo calculado, y José, a pesar de sus forcejeos iniciales, comenzó a gemir más fuerte, su cuerpo traicionándolo mientras se rendía al placer. Sin dejar de inmovilizarlo con fuerza, Andrés se bajó los pantalones, revelando su polla potente, fuerte y grande, sin circuncidar, con venas marcadas y la piel tensa, brillando con sudor, un arma de dominación lista para actuar. “Vas a aprender, chico,” murmuró, y se la clavó de golpe, entrando con una embestida brutal que hizo gritar a José, “¡No, quítate!”
    
    Andrés la dejó dentro, inmóvil, su polla gruesa llenando el ano de José, el calor y la presión haciendo que José se quejara, “¡Saca eso, duele!” Andrés lo ignoró, diciendo, “Shhh, calla, es por tu bien,” su voz dominante pero con un toque cariñoso, su brazo manteniéndolo firme contra el sofá. Esperó pacientemente, sintiendo cómo el cuerpo de José se ajustaba, sus quejas disminuyendo hasta que dejó de resistirse, su respiración volviéndose más pesada. Entonces, Andrés comenzó el metesaca, follándolo con brutalidad, sus caderas chocando contra el culo de José con un ritmo feroz, la piel ...
    ... sudorosa resbalando en un sonido húmedo y obsceno que resonaba en el salón. “Toma, cabrón, esto es disciplina,” gruñó Andrés, disfrutando la agresividad, su polla abriendo a José como un martillo, marcando territorio con cada embestida profunda y salvaje. José gritaba, “¡Para, joder!” pero su polla goteaba precum, traicionando su placer mientras Andrés lo dominaba, su brazo apretando el cuello con fuerza, diciendo, “Shhh, agárrate, te voy a enseñar quién manda,” su voz cargada de placer sádico y una satisfacción cruda. Cada empujón era un castigo, la polla de Andrés destrozando el culo de José, el sonido de carne contra carne mezclado con los gemidos de ambos, y José, atrapado bajo su peso, sentía cómo su cuerpo cedía, su resistencia derrumbándose bajo la dominación implacable.
    
    Pasaron minutos largos, el salón lleno de jadeos y el olor a sexo crudo impregnando el aire. José, gimiendo alto, se corrió sin tocarse, su semen salpicando el sofá en chorros espesos mientras su cuerpo temblaba, sus músculos tensándose y relajándose en oleadas de éxtasis. “¡Para, ya no aguanto!” gritó, su voz rota por el placer, pero Andrés lo ignoró, diciendo, “Cállate, no pienso parar hasta que quiera. Debes aprender que no mandas.” Siguió follándolo, sus embestidas más profundas y brutales, la polla de Andrés martilleando el culo de José con una furia desatada, cada golpe haciendo que el cuerpo de José se sacudiera como si fuera una marioneta. José asumía la sumisión, sus ojos en blanco, su mente ...