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Hermosos Rottweillers.
Fecha: 22/03/2026, Categorías: Zoofilia Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30
... no ensucian casi nada, solo un poco de desorden. Hice primero la cama de Jessica y Luego la de Loreto; después me puse una tenida de tipo militar, con botas y salí de casa para comenzar a realizar una serie de ejercicios. Platón y Aristóteles inmediatamente corrieron hacia mí para hacerme compañía, vinieron meneando sus cortas colas y orejas, me saltaron encima y con su peso me arrinconaron contra la baranda del porche. Me sentí tranquila pues ellos estaban allí para mi seguridad, Aristóteles alzado en dos patas me llegaba al cuello y me dio unos lengüetazos hasta en mi rostro, en tanto Platón se había entremetido entre mis piernas y empujaba su hocico cuadrado contra mi ingle. Acaricie sus enormes cabezas y los alejé de mí. Aristóteles se hizo a un lado y pareció perder interés en mí, pero Platón me siguió e intentaba de meter su cabeza entre mis piernas. Lo empujé y me fui trotando hacia un bosquecillo de enormes cipreses. Platón me seguía a corta distancia y Aristóteles nos alcanzó y siguió tratando de saltar sobre mí. Me empujaron contra un viejo y grueso tronco de un árbol, Aristóteles se alzó hasta tocar mis hombros y con su peso me hizo bajar mi centro de gravedad. Estiré mi trasero hacia atrás, entonces él bajó sus zampas y me aferró por la cintura. No podía moverme dado el enorme peso del perro. Aristóteles me soltó, lo que favoreció a Platón para su turno de saltarme encima. Me encontraba en cuclillas afirmada al tronco del árbol, con Platón subido a mi lado ...
... izquierdo y Aristóteles a mi lado derecho. ¡Oh, Dios! Están tratando de montarme, pensé. ¡Jesús, Jesús! ¡Quieren aparearse conmigo! Aristóteles no era el más insistente, así que pronto se bajó de mí. En cambio, Platón me aseguró entre sus fuertes zampas y comenzó a hacer un movimiento de follar detrás de mí. Podía sentir su polla de perrito empujando mis pantalones mimetizados. Me sobresalté cuando tibias gotas de un líquido acuoso y casi trasparente comenzó a escurrir sobre la piel de mis muslos. ¡Mierda! Platón me estaba disparando gotitas de su semen perruno. Reaccioné levantándome enérgicamente y limpié con mis manos la lechita de perrito que mojaba mis piernas. Me llevé la mano a la nariz y la olfateé. Quise llevarla a mi boca, pero me contuve. Hasta ahora solo había probado el semen de mi marido. De todos modos, no me pareció una cosa asquerosa. Por alguna razón ellos me habían tomado por una perrita y me perseguían. ¿Será por qué estoy en mis días fértiles?, me pregunté. Por primera vez me sentí un poco cachonda al ser deseada y perseguida por dos enormes machos. Me parecía una cosa un poco salvaje que llenaba mi panocha de fluidos y me hacía temblar. ¿Será posible para una mujer copular con un animal?, me pregunté. Inmediatamente deseché la idea por parecerme poco probable y bizarra. Me volví un poco de regreso a la casa. Platón me seguía insistentemente olisqueando entre mis muslos. Solo para hacer una especie de prueba, me afirmé en el tronco de un árbol ...