1. Nicky: no toques a mi hija 14


    Fecha: 23/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Jane Cassey Mourin, Fuente: TodoRelatos

    ... par de manchas de mi sangre.
    
    Esa mañana no hubo más intentos por resistirme, porque el miedo me tenía paralizada mientras ese hombre me arrebataba la toalla para luego azotar mis nalgas y mi espalda baja con ese cinturón que pronto abrió diagonales sangrantes en mi piel, en medio de gritos de dolor que fueron proferidos desde un corazón roto, desde una parte muy oscura y confusa en mi alma que, por un lado, se enorgullecía de la razón por la que me estaba sacrificando, mientras que por otro lado se entristecía al saber que, si lograba que mi padre fuera detenido, me quedaría sola en el mundo, sin tener siquiera la certeza de que pudiera regresar a mi granja, de si podría conservar a mis animalitos ni de que, dado el milagroso caso de que pudiera quedarme en el que había sido mi hogar durante toda mi vida, fuera capaz de superar el hecho de haber vivido secuestrada y engañada por ese hombre quien no solo no era mi padre, sino que era un homicida y violador a quien no le importaba en lo más mínimo arrebatar una vida.
    
    - ¡No debiste desafiarme de esta forma! ¡No fue una buena idea retar a tu padre de esta manera! ¡Te voy a enseñar a respetarme! ¡Te voy a enseñar a ser una mujer sumisa y obediente! - gritó, enloquecido, perdiendo por completo el control de sí mismo mientras gritos de dolor escapaban de mi boca como respuesta a la masacre que acababa de sufrir mi espalda y mi trasero, al dolor que me hizo llorar de esa manera tan desgarradora, al olor a sangre que comenzaba ...
    ... a ser tan intenso que casi podía saborearlo en mi boca.
    
    - ¡Ahhh! - gemí, asustada, aterrada por el dolor que sentía y al saber lo que vendría, al entender que estaba a punto de violarme una vez más, que no le importaría lo que estaba sintiendo ni el dolor que me provocaría mientras me lo hiciera.
    
    Sentirlo de nuevo entrando en mi dolorida vagina, fue como si me metieran un hierro incandescente en el coño, porque los desgarres que me provocó la noche anterior se hicieron más graves, haciéndome sangrar en cuanto ese bastardo me penetró, provocando el grito más desgarrador que jamás hubiera emitido, sintiendo cómo mi garganta se lastimaba al mismo tiempo que ese sádico hombre me penetraba sin compasión, metiendo su pene una y otra vez en mi concha, escupiendo en su mano para tratar de lubricar su miembro y que aquella penetración no fuera tan forzada, tan trabada, una preocupación que no radicaba en hacerlo menos doloroso para mí, sino en que aquella experiencia fuera más placentera para ese animal, a quien no le importaba que aquella chica a quien llamó hija durante tantos años se estuviera retorciendo de dolor bajo su cuerpo, llorando ante la abominación que sestaba sufriendo mientras rogaba al cielo para que la policía llegara antes de que ese psicópata decidiera terminar con mi vida, de la misma manera como decidió acabar con las vidas de aquella mujeres.
    
    Con el paso de los segundos, las penetraciones se hicieron cada vez más fluidas, en la medida en que mi vagina ...