1. Mi papá


    Fecha: 24/03/2026, Categorías: Incesto Autor: lindacachonda69, Fuente: CuentoRelatos

    ... (nota: como ves, he cambiado; mi tendencia narcisista casi la he eliminado, lo mismo mis criterios en torno al hermoso ejercicio de la sexualidad y, debo decírtelo, gracias a la prestancia y acuciosidad amorosa de mis padre, los dos por igual)
    
    Hice este recuento, ante la sorpresa de haber tenido el sueño mencionado, y la inquietud, francamente sexual, que provocó. ¿Será que estoy eludiendo tener la práctica sexual, escudada en tonterías como las dichas?, me dije ese día, y me contesté: no lo sé, pero en éste preciso momento y con toda sinceridad para conmigo misma, siento que no eludo nada, que mis apreciaciones y tendencias son claras, y que mi decisión de tener relaciones sexuales sólo con aquel que me atraiga y yo piense que dejará a salvo mi libertad y mi integridad individual, es correcta y que no existen razones para cambiar esta decisión.
    
    ¡Ya vendrá el tiempo y el sujeto!, fue la conclusión a la que llegué la mañana siguiente a mi sorprendente sueño erótico. Ese día…
    
    Escuché ruidos en la cocina. Debía ser papá; siempre se levanta temprano, aun estando de vacaciones. Me fui al baño para vaciar mi vejiga, y peinar un poco mi largo pelo antes de bajar. Mientras estaba sentada en la taza, me sentí contenta. Como que la inquietud tenida se estaba yendo. Lo atribuí al sentimiento de plenitud que invadió al pensar en la singular familia que conformábamos mi padre, mi madre y yo. No es que fuera nada especial, solamente era que nos llevábamos muy bien y que siempre y ...
    ... en todos momento éramos alegres, divertidos, muy unidos y complacientes con los otros.
    
    Como hija única, al crecer y hacerme adulta con padres muy jóvenes – mi padre tiene 40 y la misma edad tiene mi madre. Se casaron a muy temprana edad porque en el pueblo donde nacieron y se criaron, no había ninguna posibilidad de tener sexo sin estar casados, vamos, ni siquiera putas había en el pueblo serrano – me sentí como un adulto más que se integraba a los otros dos; es decir: dejé de sentirme hija, para pasar a la categoría de la tercera persona del grupo.
    
    Creo que ese mismo sentimiento mantenían mis padres. Año con año, durante el período de vacaciones de papá, salíamos a diferentes lugares para disfrutar ese magnífico tiempo conviviendo y gozando de todo. En esta ocasión fuimos a la costa de Quintana Roo; nos alojamos en una cabaña situada en la playa, propiedad de uno de los jefes de mamá que se la prestó.
    
    El precioso mar del caribe, la frondosa selva aledaña y el cielo azulísimo, nos hacían regodearnos en el placer del dulce far niente admirando la naturaleza y permaneciendo en traje de baño el día entero. En muchos kilómetros a la redonda, no había nada, excepto el mar, la vegetación, el calor y el hermosísimo cielo azul. Por supuesto, la playa y los alrededores, desiertos. Es decir, no había nadie más que nosotros en varios kilómetros a la redonda.
    
    Con ese estado de ánimo bajé. Papá frente a la estufa, tal vez preparando algo para desayunar. Mi madre era la última ...
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