1. Mi papá


    Fecha: 24/03/2026, Categorías: Incesto Autor: lindacachonda69, Fuente: CuentoRelatos

    ... sintieron los pelos de la cintura paterna. Y como los pelos bajaban más allá del límite de los calzones, mis manos se metieron hasta apresar las nalgas, nalgas que se contrajeron al sentir el contacto de mis manos como diciéndoles que estaba gozando, disfrutando la caricia. Mis dedos apretaron el preciado botín recién descubierto y atrajeron el cuerpo hasta pegarlo totalmente al mío.
    
    Entonces sentí algo duro que presionaba mi vientre; estuve segura que no era una mano, tampoco un dedo, puesto que las manos andaban por mi espalda buscando la manera de llegar hasta la piel oculta por la blusa. Y por eso hice que mi lengua danzara frenética contra la otra y que mis dientes mordieran levemente los labios de la boca portadora de una lengua que tanto estaba excitando a mi propia lengua, todo mientras mi boca se frotaba contra la otra boca. Entonces las manos ajenas pudieron separar la blusa de la piel y recorrieron mi espalda, haciendo que el periplo de esas manos prodigiosas llegara hasta mis nalgas y las aprisionaran como las mías hacían con las otras nalgas.
    
    Y esas manos me apretaron. Por esto la dureza que presionaba mi vientre, se hizo más evidente y más estremecedora. Las manos de papá, empezaron a acariciar con mucha dulzura mis nalgas, como no queriendo que esa caricia fuera a lastimar, sino que tuviera la intensidad suficiente para que las sensaciones que en oleadas de calor me recorrían de la raíz de mi pelo hasta las uñas de mis pies, se hicieran más intensas y ...
    ... más sensuales, y que al mismo tiempo me hicieran sentir el cariño, el amor que esa caricia implicaba. Pero yo ansiaba más y más sensaciones como las que hasta ese momento sentía, y por eso sentí la necesidad de frotar mis senos contra el potente tórax de papá. Y lo sentí espléndido, sabroso, excitante.
    
    Pero insuficiente. Insuficiente porque la tela de mi blusa impedía que el contacto de las pieles fuera eso precisamente, contacto de pieles. Y por primera vez mi cuerpo se separó un tanto y mis manos abandonaron sus tesoros, sólo para hacer saltar los botones que mantenían cerrada la blusa y luego, sin interrupción de los movimientos, lanzar la blusa al infinito. Y entonces sí, mis senos se regodearon frotándose contra ese tórax y contra los pelos que lo poblaban. Mis pezones casi estallan de placer, placer que se vio incrementado por los fuertes jadeos que la garganta de papá dejaba escapar casi sin interrupción.
    
    Entonces las manos apretaron con fuerza, hasta producir dolor exquisito a mis nalgas. Y fueron estas las más audaces porque estiraron el elástico de la cintura para iniciar un rápido retiro de tan estorbosa prenda, retiro que mis piernas, autónomas, ayudaron a que se diera levantándose una primero y luego la otra.
    
    Y mis manos, imitadoras, hicieron lo mismo con el elástico del otro calzón. Y las piernas ajenas y peludas hicieron los mismos movimientos que las mías para que el chort fuera expulsado. Y entonces, ¡lo sublime! Sentí en toda su extensión y dureza, la ...
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