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Mi preciosa princesita (capitulo 12)
Fecha: 29/03/2026, Categorías: Incesto Dominación / BDSM Autor: cleversex, Fuente: SexoSinTabues30
Amanecía precariamente cuando salimos de casa. A pesar de los nervios, Martina había tardado cero coma en quedarse dormida y ni siquiera llegó a la autovía despierta. Si no se caía era porque el cinturón de seguridad la sujetaba. Llevaba una faldita corta que dejaba al descubierto unas piernas cada vez más torneadas a pesar los doce años que todavía tenía. La subí un poco la falda para poder tenerla a la vista. Desde que vive definitivamente conmigo, no usa ropa interior. Y no porque se lo haya impuesto: ella sabe que me gusta. Con eso es suficiente. Como la había prometido, cuando terminó el 1º de Educación Secundaria, nos fuimos a la playa. Lo hizo con muy buenas notas y en lo único de flojeó un poco fue en matemáticas a pesar de mis esfuerzos. Como premio la regalé su primer iPhone y ella se añadió un watch. Todo de color rosa y a los pocos minutos, que digo minutos, segundos, ya lo manejaba todo mejor que yo. La hizo mucha ilusión, porque aunque no tiene muchos amigos, con algunas compañeras de instituto si se mensajea. Lo que me sorprendió es que no llevaba mucha ropa. Había estado investigando por YouTube e Internet y ya tenía todo previsto. —¿Solo vas a estar vestida con pareos mi amor? —la pregunté cuando vi que solo había metido esa clase de prenda: en total seis. Dos de ella y cuatro de su madre. —No voy a necesitar más papa, —me respondió. Finalmente, me hizo caso y metió un par de vestiditos ligeros de su madre. Lógicamente casi no salieron del ...
... armario de la habitación. También metió calzado de senderismo y unas mayas cortas porque algún día había pensado hacer senderismo por la salina próxima al hotel o acercarnos a Mojácar. Cuando llegamos, hicimos elchecking y subimos a la suite que había reservado después de meter el coche en el parkin subterráneo del hotel. Tenía dos habitaciones, un saloncito y un baño completo. Casi lo mejor era la amplia terraza con vistas al mar que a Martina la entusiasmó. Durante un buen rato se quedó ensimismada apoyada en la barandilla, mientras yo deshacía la maleta. Después me uní a ella abrazándola por detrás. —¿La playa nudista está lejos? —preguntó. —Empieza como a trescientos metros, —respondí señalando al norte—. ¿Quieres ir? —Por supuesto, —afirmó tajante. —Luego vamos. —¿Después de comer? —Y de que te eche un polvo, —respondí riendo mientras la achuchaba—, que llevo todo el día sin olerte. —Espera que te descargo ahora mismo, como tu dices, —dijo haciendo ademán de arrodillarse. —De eso nada, —respondí sujetándola—. Ahora a comer… —Eso es lo que quiero, comer, —me interrumpió riendo. La veía extremadamente feliz y contenta, si eso fuera posible porque la verdad es que es su estado natural. —No me seas lianta. Ahora bajamos a comer y luego subimos que el que te va a comer soy yo. Luego vamos a la playa. —Buen vale, —dijo simulando resignación—. Voy a cambiarme. Entró y se quitó la ropa. Se envolvió en un pareo anudándoselo al cuello y se puso ...