1. Sabemos que nos miras (II)


    Fecha: 30/03/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Curiosa, Fuente: TodoRelatos

    Apenas asentí dándome la vuelta y tratando de que mi sonrisa fuera lo menos forzada posible. Ella se notaba enormemente cómoda en la situación, y sus movimientos calmados y lentos, su tranquilidad, me transmitían mucha paz y consiguieron que no tuviese un infarto allí mismo.
    
    No, no me iban a ofrecer café y unas pastas. Tampoco iba a haber una conversación introductoria; me habían invitado con un propósito muy concreto. Ella me miró una vez más, me tomó de la mano y comenzó a andar por el pasillo, conmigo siguiéndola. Conocía la distribución del piso y sabía el camino; nos encaminábamos hacia el único dormitorio. Él, mientras tanto, nos seguía, apenas sin participar en la escena.
    
    Su habitación era de alguna manera reconocible para mí, porque la había visto a través de la ventana de mi apartamento. Apartamento que podía ver ahora desde este punto de vista. Me chocó ese contraste antes de detener mis ojos en lo que tenía delante. Exquisitamente ordenada, con una cama más grande que la mía y pequeños objetos que sin duda guardaban algún significado para ellos.
    
    Él se quedó en la puerta, era todo educación ese chico, o al menos entendía que cualquier movimiento brusco iba a hacerme replantear la situación. A pesar de que fuera una fantasía en vivo lo que estaba experimentando, quizás de repente sentirme entre dos personas demasiado rápido me iba a resultar embarazoso. De momento, solo estaba ella, su sonrisa, su melena oscura, sus ojos seductores. Sus manos de dedos ...
    ... delicados, que apartaron un mechón rebelde del pelo para situarlo detrás de mi oreja. Y un pequeño beso en los labios que me dio, a modo de tentativa.
    
    Solo ese beso ya hizo que se me erizara el vello de la nuca, y sentí cómo me aceleraba el pulso. Y me hervía la sangre. Dios, solo había sido un beso, al que siguió otro, y otro más. Todos dulces, serenos y lentos, pero madre mía, aquella chica me estaba volviendo loca.
    
    Separó su rostro de mí, sin dejar de sonreírme, y comenzó muy despacio a quitarme la ropa. En ese momento yo estaba completamente paralizada, incapaz de mover un músculo. No era miedo lo que sentía, no era desagrado, tampoco me sentía violenta, pero era tan inverosímil la situación para mí, que no reaccionaba. Así, como una niña buena, me dejé sacar por la cabeza el jersey, levantando mis brazos. Ella se tomó su tiempo en doblarlo y depositarlo sobre la cómoda. Si aquello era una metáfora sobre lo cuidadosa que sería conmigo, desde luego, consiguió que la desease aún más.
    
    Con la misma parsimonia, y tras repetir sus suaves besos en la comisura de mis labios, me ayudó a quitarme la camiseta, repitiendo el mismo procedimiento. Dejando a la vista mi ropa interior y sonriéndome mientras acariciaba despacio la piel de mi cuello y el comienzo del esternón.
    
    Él estaba quieto, con las manos en los bolsillos, apoyado en el dintel de la puerta. Pero no era una actitud desinteresada; todo lo contrario, al girar mis ojos hacia él, al cruzarnos la mirada, pude comprobar ...
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