1. Sabemos que nos miras (II)


    Fecha: 30/03/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Curiosa, Fuente: TodoRelatos

    ... cómo me recorría con sus pupilas. Me sentí expuesta, pero también deseada en aquella expresión traviesa y juguetona que me enloquecía. Esa sensación hizo click en mi cerebro; de repente, deseé que todo aquello pasase, ya no albergué inseguridad en mí. Así, acerqué mi cabeza hacia la de ella y la besé con un punto más de pasión, al tiempo que lo miraba a él. Vi que se ensanchaba un poco su sonrisa: me había entendido. Por si no quedaba duda, me llevé las manos a los botones de mi cinturón y comencé a desabrocharlos muy despacio, mirando a mi eventual compañera, que se mordió levemente el labio. Aquellos minutos fueron de un morbo que creo que jamás volveré a experimentar.
    
    No sé muy bien reconstruir lo que ocurrió en los siguientes segundos. Como si de un trance se tratara, lo siguiente que recuerdo es que ambas estábamos ya desnudas. Yo tumbada en la cama, con la espalda ligeramente erguida por los almohadones y la cabeza apoyada en el cabecero de madera. Ella estaba a mi lado, arrodillada sobre sus piernas, besándome muy despacio pero muy explícitamente.
    
    Nunca me había tocado una mujer, al menos no de la manera que aquella diosa lo hacía. Sin dejar de besarme, sentía su mano acariciar mi cuello, bajar a mis pechos, que reaccionaban ante ella y, sensibles, me arrancaban suaves gemidos a los que ella estaba muy atenta, mirándome, sonriéndome, volviéndome a besar y volviéndome a acariciar. Me estaba matando y yo no era capaz sino de abandonarme y dejarme hacer. Así, ni ...
    ... pude ni quise reaccionar a sus dedos de pianista, que despacio y confiados descendían por mi vientre, jugaban con mi ombligo, y no se detenían.
    
    El sonido gutural que emergió desde mi garganta no era otro que el puro placer que sentí cuando sus dedos recorrieron mi sexo. A esas alturas, estaba tan empapada que su habilidad creía que sería capaz de arrancarme el orgasmo más rápido e intenso de mi vida. Ella se dio cuenta y sonrió triunfante, pero detuvo su lento juego, provocando que arqueara levemente mi espalda, pidiéndole que continuara. En su defecto, hizo algo tan morboso que agradecí su idea. Hasta ese momento, su chico había permanecido quieto, inmóvil, sin perder detalle y sin duda disfrutando del espectáculo. Ella seguía arrodillada ante mí, tocando entre mis piernas. Entonces, con dos de sus dedos, separó mis labios, girando su cabeza hacia él. Exponiendo mi más profunda intimidad a sus ojos.
    
    Como si fuera algún tipo de código secreto, ese gesto hizo que él se irguiese y caminase hasta nosotras. Dios, era guapo, era alto, era irresistible. Ella, consciente que le miraba embelesada y un punto exhibicionista, comenzó a besar mi cuello, mis hombros, despejando mi mirada para que no dejara de observar a aquel hombre.
    
    Confiado, gamberrillo, comenzó a despojarse de su ropa. Siguiendo el mismo ritual que ella, cada prenda que quitaba la doblaba cuidadosamente, como pretendiendo que nada de aquello, ni siquiera la ropa por el suelo, rompiese la belleza del momento. ...
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