1. 14 y 17 en el Vestidor


    Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Voyerismo Autor: daddybear, Fuente: SexoSinTabues30

    Hola morbosos! Este es mi primer relato. Desde hace algunos años entro a esta página para disfrutar de un buen momento erótico en el que puedo imaginarme todo a mi gusto. En esta ocasión, soy yo quien les trae una historia 100% real que me sucedió hace ya algunos años. Hoy con 41 años, aún la recuerdo y me excita como si hubiera sido ayer.
    
    Que lo disfruten.
    
    «EN EL VESTIDOR»
    
    A mis 17 años, pesaba 105 kilos y mis papás me habían metido a clases de natación para bajar de peso a algo más saludable. Siempre he sido gordo, y ese era uno de mis tantos intentos por cambiar eso. Escogí el horario de las 7 de la tarde en un club de natación con una alberca semi olímpica, un lugar que apestaba a cloro y resonaba con el eco de las risas y los chapoteos. Me asignaron al grupo de 14 a 18 años, y ahí conocí a Leo y a Martín, dos morritos de 14 años que estudiaban juntos y también entrenaban juntos, eran mejores amigos inseparables.
    
    Martín era muy blanco, casi fantasmal, y súper delgado, con una vibra tímida que lo hacía pasar desapercibido. Leo, en cambio, era todo lo contrario: más alto, medía como 1.75, con una piel morena que brillaba bajo las luces de la alberca, brazos fuertes para su edad y una pancita que le daba un toque especial, sexy, que me atrapó desde el primer día que lo vi. Su cabello negro estaba siempre mojado y despeinado después de nadar, y sus ojos café oscuro tenían una chispa traviesa que me ponía nervioso cada vez que me miraba.
    
    Al principio, no les ...
    ... hacía mucho caso. Me sentía un poco fuera de lugar, con mi cuerpo grande y chubby, mientras ellos parecían tan seguros de sí mismos. Pensaba que no tendríamos nada en común, pero un día los escuché hablando de un grupo musical que a mí también me gustaba, que daría un concierto el siguiente fin de semana. Me acerqué a preguntarles los detalles, y ahí supe sus nombres. A partir de ese momento, cada día nos saludábamos en la alberca, entrenábamos cada quien en lo suyo, pero poco a poco empezamos a hablar más y más. Nos reíamos, hacíamos bromas, y a veces nos regañaban por echar desmadre y no hacer los ejercicios como debíamos. La confianza fue creciendo, y aunque Martín siempre estaba ahí, yo no podía evitar notar cómo Leo me miraba de reojo, con una sonrisa que me hacía sentir un cosquilleo en el estómago.
    
    Ellos terminaban su práctica media hora antes que yo, así que cuando yo salía de la alberca, el vestidor solía estar vacío. Pero ese día los habían castigado por llegar tarde, y salieron 10 minutos después que yo. Entré al vestidor empapado, con mi traje de baño ajustado marcando que marcaba aún más el tamaño de mis nalgas, mi pecho que a los 17 ya tenía bastante pelo, goteanba agua y mi panza siempre a la vista. Me sentía cansado pero relajado después del entrenamiento, y me quité el traje de baño para meterme a las regaderas. Eran tres duchas separadas por paredes de cristal opaco, supuestamente para dar privacidad, pero que se volvían transparentes al mojarse, algo que ...
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