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14 y 17 en el Vestidor
Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Voyerismo Autor: daddybear, Fuente: SexoSinTabues30
... las piernas, su piel blanca ahora enrojecida por el agua caliente. La escena era demasiado: dos cuerpos tan distintos, uno moreno y fuerte, el otro blanco y delicado, expuestos frente a mí sin ningún pudor, mientras yo sentía mi propio cuerpo temblar de deseo. Leo se dio cuenta de que lo estaba mirando y me dedicó una sonrisa pícara. “¿Qué? ¿Nunca habías visto a un vato así de cerca?” dijo con un tono burlón, pero sus ojos tenían un brillo que me puso aún más nervioso. Me reí, intentando disimular, pero mi voz salió temblorosa: “No es eso… nomás me sorprendiste.” Él se acercó un poco más al cristal, todavía desnudo, pegando completamente su cuerpo al vidrio que ahora era transparente y me dejaba ver la totalidad de la longitud y grosor de ese pene que se estrangulaba entre la pared y su obligo. Estaba secándose el cabello con las manos, y el olor de su piel limpia, con un toque de cloro mezclado con jabón fresco, se coló hasta mi ducha, envolviéndome por completo. “¿Seguro que no quieres ver más de cerca?” susurró, su voz baja y seductora, mientras Martín seguía riéndose del otro lado, ajeno a la tensión que se estaba formando entre nosotros. Salí de la ducha, todavía empapado y con una erección durísima, pero como mi pene es pequeño, no tuve problemas en ocultarlo, por lo que me envolví rápido con una toalla, mi cuerpo temblando de excitación. Me senté en un banco del vestidor mientras Leo y Martín terminaban de ducharse y salían, todavía desnudos, secándose con sus ...
... toallas. Leo ya no estaba erecto, pero se acercó hasta donde yo estaba, se paró frente a mí tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo. “Agárrala si quieres,” dijo con una voz suave, en un susurro, girando su cuerpo para darme una vista completa. Bajo la luz del vestidor, pude ver cada detalle: su abdomen con esa pancita que me volvía loco, sus brazos fuertes con venas marcadas, y ese pene que ahora, con la tensión del momento, estaba completamente erecto nuevamente, su cabeza rosada brillando con una gotita de deseo en la punta. No pude resistirme más. Me acerqué, todavía sentado, y con manos temblorosas comencé a acariciar sus muslos, sintiendo el vello corto y áspero bajo mis dedos. Leo suspiró, cerrando los ojos, y dejó caer su toalla al suelo. “Sigue… me gusta,” murmuró, su voz más grave ahora. Subí mis manos hasta su cintura, rozando esa pancita que tanto me había atraído desde el primer día, y luego bajé lentamente hasta tomar su pene con una mano, sintiendo su calor y sobre todo su grosor que me sorprendía. Era muy duro, pero suave al tacto, con un aroma limpio que me hizo salivar. Comencé a masturbarlo despacio, mi mano deslizándose por su longitud mientras él gemía bajito, “Mmm… sí, así… no pares.” Sus gemidos eran suaves al principio, pero se volvían más intensos con cada movimiento, y podía sentir su cuerpo temblar bajo mi mano. De pronto, escuchamos a Martín acercándose desde el otro lado del vestidor, y Leo se apartó rápido, riéndose nervioso. “Nos van ...