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Rescatado en la tempestad. (Parte 1)
Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos
... cama lo bastante amplia para dos. Esa cama, en la soledad de la noche, se convertía en el refugio donde dejaba salir mis deseos, en sesiones masturbatorias cada vez más frecuentes que calmaban, aunque fuera por un momento, el fuego que me consumía. Mi tío Daniel venía al menos un fin de semana al mes. Llegaba para visitar a la familia y surtir de bebida el bar de mis abuelos, que estaba en un pueblo cerca de Valladolid cuyo nombre nunca lograba recordar. Fue por él, por Daniel, que empecé a entender que me gustaban los hombres. Mi tío era un deportista nato: fútbol, baloncesto, tenis, incluso escalada en riscos tan verticales como la fachada de un edificio. Su cuerpo era el de un atleta, esculpido, musculoso, con una definición que parecía desafiar las leyes de la naturaleza, aunque, curiosamente, más robusto de lo que uno esperaría de un alpinista. Sus ojos azules, claros como el cristal, su mentón afilado y su cabello oscuro lo convertían en el ideal de belleza para cualquiera que supiera apreciarla, hombre o mujer. A pesar de eso, nunca se le había conocido pareja, posiblemente no estaba interesado en compartir su tiempo con nadie, simplemente lo dedicaba a su trabajo y sus aficiones deportivas. Recuerdo con nitidez el verano en que cumplí diecinueve años. Él apenas había cruzado los treinta y seis, y fue entonces, en una de sus visitas, cuando lo vi por primera vez completamente desnudo. Aquella tarde, el reloj de pulsera marcaba las ocho en punto mientras yo ...
... luchaba con mis apuntes de química, perdido en fórmulas para el examen que se acercaba. Fue entonces cuando mi tío Daniel entró en el piso, aparentemente agotado tras cargar la vieja Citroën C-15 con cajas de bebida en la licorería de mi padre. Lo escuché llegar, sus pasos firmes resonando en el pasillo, hasta que apareció en el umbral de mi habitación, con su bolsa de ropa en la mano y el rostro marcado por el cansancio. —Gonzalo, eres un máquina. Cada vez que vengo, te pillo con la nariz metida en los libros. ¡Qué poco te pareces a tu padre! —dijo con una sonrisa, dándome un par de palmadas en la cara que me arrancaron una mueca. Había cariño en su gesto, como siempre. —No sé qué decirte, tío Dani. Hay que estudiar, ¿no? —respondí, devolviéndole una sonrisa tímida, agradecido por el halago. —Claro que sí, sobrinito. Pero en la vida también hay que disfrutar, no solo estudiar. Veo que estás en forma, ¿verdad? ¿Te gusta el deporte? —preguntó mientras dejaba su bolsa en una esquina, preparándose para ir a la ducha. —Bastante. Sobre todo el atletismo. Me encanta correr y saltar vallas como loco, pero, si te soy honesto, lo que más me gusta es dejar a los demás atrás —dije, y una risa se me escapó al recordar cómo los otros chicos se rendían a medio camino, incapaces de alcanzarme en la pista. Daniel me miró con esos ojos azules que parecían ver más allá de mis palabras. —Está bien esforzarse y cumplir metas, Gonzalo, pero mantén los pies en la tierra. No dejes que ...