1. Rescatado en la tempestad. (Parte 1)


    Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos

    ... desafiar las leyes de la proporción. Ya a los dieciséis, mi mente se perdía en conjeturas, intentando adivinar el tamaño de su miembro. ¿Diecinueve centímetros? ¿Tal vez más? Era imposible no pensar en ello. Los días después de sus visitas, Daniel se convertía en el centro de mis fantasías masturbatorias. Al principio, soñaba con algo simple: él abrazándome, rodeándome con la fuerza de su cuerpo mientras dormíamos. Pero con el tiempo, esas fantasías se volvieron más intensas, más vívidas, llenas de imágenes que me hacían arder.
    
    Una de las noches más intensas que recuerdo fue aquella en que, llevado por un impulso incontrolable, me deslicé en la cama y mi cuerpo cayó torpemente sobre el de mi tío Daniel. El golpe de mi peso contra su estómago no lo perturbó; seguía sumido en su sueño profundo, inmune al mundo. Mi mano quedó descansando junto a su abdomen, tan cerca de su entrepierna que mi muñeca rozaba la tela de sus pantalones cortos. Bajo la fina capa de ropa, sentí algo firme, voluminoso, que hizo que mi corazón se acelerara.
    
    No sé de dónde saqué el valor, pero, incapaz de resistirme, giré la muñeca con suavidad. Mis dedos, temblorosos, rozaron su muslo antes de deslizarse hacia su entrepierna, acariciando con delicadeza el objeto de todas mis fantasías. Daniel no dio señales de despertar; su respiración seguía calma, su sueño inalterable. Animado por su falta de reacción, me permití explorar con más audacia. Mis dedos trazaron un camino lento, desde su paquete ...
    ... hasta el vello áspero de su pierna musculosa, para luego regresar, atraídos irremediablemente por esa protuberancia que desafiaba mi imaginación. Había subestimado su tamaño: aquello, sin duda, superaba los veinte centímetros.
    
    En ese instante, mi mente se desbocó. Me imaginé inclinándome sobre él, mi lengua recorriendo con suavidad desde la punta de su glande hasta el último rincón de su perineo. La imagen era tan vívida que un mareo me envolvió, como si el aire de la habitación se hubiera vuelto denso. Mi cuerpo temblaba, atrapado entre el deseo y el vértigo de lo que estaba haciendo.
    
    Una oleada de vergüenza me golpeó de repente. Estaba tocando a mi tío, cruzando una línea que nunca debí acercarme. Con el corazón latiendo a mil por hora, retiré la mano de su cuerpo como si quemara y me dispuse a levantarme, dispuesto a correr al baño para dejar salir las lágrimas que ya se agolpaban en mis ojos. Pero entonces, la voz de Daniel, grave y tranquila, rompió el silencio.
    
    —¿Por qué te detienes, Gonzalo? ¿No te ha gustado lo que has tocado? —dijo sin abrir los ojos, como si aún estuviera atrapado en su sueño.
    
    Me quedé congelado. Mi mano temblorosa volvió a acercarse a su entrepierna, guiada por un impulso que no podía controlar. Pero justo en ese instante, mis ojos se abrieron de golpe. Estaba en la cama, solo, con el cuerpo aun vibrando de excitación y una erección que no dejaba lugar a dudas. Al bajar la mirada, noté la humedad en mi calzoncillo, el rastro pegajoso de mi ...
«1...345...16»