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Rescatado en la tempestad. (Parte 1)
Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos
... propio semen. Daniel no estaba. Se había ido, como siempre después de sus visitas para abastecerse. Las lágrimas que había contenido hasta ese momento se desbordaron, y lloré en silencio, atrapado en un torbellino de emociones. No sabía si lloraba por la vergüenza de desear a mi propio tío o porque el sueño, tan vívido, tan real, se había detenido justo en el momento más intenso. Sacudido por aquellos recuerdos, volví al presente justo cuando mi tío Daniel terminaba de envolverse una toalla alrededor de la cintura. Aún llevaba puesto un slip tan ajustado que marcaba con claridad la forma de sus dos grandes testículos y la longitud descomunal de su polla. Apenas pude mirarlo un par de segundos antes de que la toalla cubriera su entrepierna, obligándome a bajar la vista a mis apuntes de química para disimular el calor que me subía por el pecho. Daniel se dirigió a la ducha, dejándome solo con mis libros. Pero mi mente ya no estaba en las fórmulas. Solo podía pensar en él, en su cuerpo, que cada día me atraía más, como si fuera un imán del que no podía escapar. Faltaban unos diez minutos para la cena cuando Daniel regresó al dormitorio. Esta vez, hizo algo que me desconcertó: echó el pestillo de la puerta. Nunca lo hacía; de hecho, siempre había pensado que los espacios cerrados le incomodaban. Pero no le di mayor importancia y seguí fingiendo que estudiaba. Su cuerpo, aún húmedo de la ducha, brillaba como si estuviera cubierto de aceite, cada músculo reluciendo ...
... bajo la luz tenue de la habitación. Mi cuerpo reaccionó al instante, traicionándome con una erección que no pude controlar. Intenté con todas mis fuerzas concentrarme en los apuntes, pero era inútil. Daniel, ajeno a mi tormento, secaba su piel con la toalla frente a mí. En la mano traía su calzoncillo, que dejó caer despreocupadamente sobre la cama. Lo miré de reojo, y un destello de envidia me atravesó al pensar que esa tela había tocado lo que yo tanto deseaba. La sorpresa me dejó sin aliento cuando giré la cabeza hacia mi tío. Se había quitado la toalla de la cintura y ahora la usaba para secarse el pelo, la cara y los brazos, dejando su cuerpo completamente expuesto. Era la primera vez que lo veía sin ropa interior. Mi mano se cerró con fuerza sobre mi entrepierna, apretando hasta casi hacerme daño, en un intento desesperado por sofocar la erección que amenazaba con delatarme. El miedo me consumía: ¿y si Daniel notaba mi excitación? Mi tío siempre había sido comprensivo, amable, un confidente en quien confiaba, pero no podía estar seguro de cómo reaccionaría si descubriera que su sobrino era gay y, peor aún, que lo deseaba de esa manera. El calor en la habitación era asfixiante. Aunque era verano y la temperatura afuera rondaba fácilmente los 30 grados, yo, que siempre había soportado bien el calor, sabía que ese ardor no tenía nada que ver con el clima. Era el espectáculo que el tío Daniel, sin saberlo, me ofrecía, un torbellino que encendía cada fibra de mi ...