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Bajo el Sol de Sevilla
Fecha: 04/04/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Mentula, Fuente: TodoRelatos
... entre papeles clasificados y facturas pendientes. —¿Y si te dijera que aún nos queda una última... transacción pendiente? —susurró, deslizando una mano por mi pecho hasta mi cintura. Antes de que pudiera responder, marcó un número en su móvil y se llevó el dedo índice a los labios en señal de silencio. El tono de llamada resonó en el despacho, amplificado por el altavoz que activó con un clic. —Cariño —dijo con voz sorprendentemente serena cuando la llamada fue contestada—. Solo quería asegurarme de que habías llegado bien. La voz de Luis al otro lado sonaba cansada, con el eco de un restaurante de hotel de fondo. —Sí, sí, todo en orden. Estos malditos contables de Costa del Sol tienen las cuentas como un cuaderno de niño —refunfuñó—. ¿Todo bien por ahí? Carmen me miró con ojos oscuros de lujuria mientras, con movimientos lentos, se subía de nuevo la falda y se sentaba al borde del escritorio. —Todo perfecto, amor —respondió, abriendo las piernas frente a mí—. Estoy revisando esos papeles que me comentaste. Mis manos temblaban al deslizarse por sus muslos, sintiendo cómo ya estaba húmeda de nuevo. Cuando Luis empezó a quejarse de algún error en las amortizaciones, Carmen me guió hacia ella, envolviéndome con sus piernas mientras yo me desabrochaba el pantalón. —Sí, cariño, lo comprobaré —decía al teléfono con voz apenas quebrada cuando la penetré lentamente—. Los números... ah... los números del trimestre pasado no cuadran, ¿verdad? Luis seguía ...
... hablando, ajena a que cada una de sus palabras sobre balances y auditorías era punctuada por mis embestidas silenciosas. Carmen mordía su labio inferior para contener los gemidos, sus uñas clavándose en mis brazos mientras su cuerpo se movía en perfecta sincronía con el mío. —Dios, estos... estos informes son... más complicados de lo que pensaba —jadeó en el teléfono, ahora con la respiración entrecortada. —¿Te encuentras bien? —preguntó Luis, su voz llena de esa preocupación distante de quien está pensando en otra cosa. Carmen me miró con ojos desafiante y, deliberadamente, dejó escapar un gemido ahogado justo cuando el teléfono captaba el sonido. —Perdón, amor, es que... me he pillado el dedo con el cajón —improvisó mientras yo aumentaba el ritmo, sabiendo que cada palabra hacia su marido era ahora una mentira calculada—. Oye, ¿por qué no... mmm... por qué no te tomas un descanso? Suenas agotado. El juego era intoxicante. Saber que Luis estaba ahí, a cien kilómetros, hablando de cifras y porcentajes mientras su esposa recibía cada una de mis embestidas. Carmen había dejado caer el teléfono al sofá cercano, donde seguía transmitiendo, pero ahora podía arquearse hacia atrás sobre los informes esparcidos, liberando los gemidos que tanto había contenido. —Sí... sí, amor... revisaré... todo —logró decir entre jadeos, sus palabras cada vez más incoherentes. Mis manos agarraban sus caderas con fuerza, marcando la piel que su marido no revisaría hasta quizás ...