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Hermanastros 5
Fecha: 05/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Alex, Fuente: TodoRelatos
Nota: En esta saga de relatos pueden aparecer escenas de dominación, sexo duro y/o violencia, y algunos de los comportamientos de los personajes son tóxicos o dañinos. Si no te gusta este tipo de contenido, por favor, no continúes. Estos relatos son ficción y no es intención de la persona autora blanquear los comportamientos negativos o abusivos. Se recomienda leer los capítulos anteriores para entender un mejor entendimiento de la trama y el contexto. Hermanastros Parte 1 https://www.todorelatos.com/relato/171100/ Hermanastros Parte 2 https://www.todorelatos.com/relato/171199/ Hermanastros Parte 3 https://www.todorelatos.com/relato/171299/ Hermanastros Parte 4 https://www.todorelatos.com/relato/207733/ La noche de chicas había empezado en el céntrico piso de estudiantes que mi amiga Nerea compartía con su compañera de facultad, la cual se había ido a pasar el fin de semana en su pueblo natal, por lo que la casa estaba a disposición nuestra para cenar e ir tomándonos unas copas antes de salir. Lo cierto es que para cuando abandonamos la vivienda, había una ristra de botellas vacías de Aperol y champán cuyo contenido ya había comenzado a hacer estragos en nuestro sistema nervioso, especialmente en mí que, además de no tener una alta tolerancia al alcohol, el cansancio del día que llevaba hacía aumentar considerablemente sus efectos. Apenas habían tenido que pensar a qué discoteca ir después, puesto que era el local de moda de la ciudad y ...
... cada fin de semana celebraba una fiesta distinta que se llenaba de jóvenes dispuestos a pasarlo bien, beber descontroladamente y probar suerte ligando. Además, Nerea hacía las veces de Relaciones Públicas de la discoteca, por lo que le regalaban acceso a reservados cuando cumplía los objetivos de captación. Así que, sin muchos preámbulos, nos dirigimos a los sofás de polipiel negros del reservado número 9, donde les esperaba una cubitera vacía sobre una mesa baja. No tardó mucho en rellenarse, puesto que a los pocos minutos llegó un camarero a pecho descubierto con una sonrisa blanca de dientes claramente corregidos por la ortodoncia. Traía consigo dos botellas de champán barato que el club regalaba con el reservado. Pese a que ya iba algo chispada por el alcohol, me pareció buena idea seguir bebiendo, así que alcé mi copa para que el camarero me la llenase con la botella que acababa de descorchar. Durante esos instantes no pude evitar fijarme en el chaval, que tendría en torno a veinte años, y su sonrisa de medio lado, socarrona, sabedor de que su cuerpo escultural era reclamo suficiente para que a más de una, y de uno, se le fuese la mano con la cartera pagando por más alcohol del que podían consumir. Lo cierto es que era guapo y su cuerpo exhibía unos abdominales en los que se podría rallar queso, pero en mi mente apareció una imagen que suplantaba la hercúlea figura de aquel camarero: Andrés. Noto una oleada de calor que invade mi cuerpo, no sé si de excitación o de ...