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Esposas desesperadas (parte 3)
Fecha: 05/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: JORGEFAG, Fuente: CuentoRelatos
(Agradeciendo a la lectora del mismo nombre quien aporto la idea y colaboro con la redacción del relato) Daniela reclamaba a su marido: ¿Cuándo vas a llamar a un plomero a que repare la gotera del baño que me vuelve loca y no me deja dormir? El marido con desgano responde: ya, mañana temprano va a estar aquí. La Señora Daniela se sintió aliviada, tal vez hasta por un momento dejo de escuchar el molesto ruido de la gota constante, se puso de buenas y tal vez un poco caliente. Sabes maridito, hasta estoy pensando en darte un premio por atender los problemas de la casa, al tiempo que estiraba su mano buscando el miembro de su esposo, sin embargo, un fuerte ronquido la sacó de su tarea, el marido estaba completamente dormido. La Señora Daniela hizo un berrinche, ¡Maldita sea!, ya se me perdió la cuenta de los meses que tiene sin tocarme y yo con unas ganas que tengo. No tuvo más remedio que tratar de dormir, a pesar del molesto ruido de la gotera en el baño. A la mañana siguiente todavía molesta, no le dirigió la palabra a su esposo, este se levantó y se preparó para irse al trabajo como todos los días, la Señora Daniela fingió estar dormida para no hablar con él, así que solo recibió un beso en la frente de despedida. Cuando el marido se fue, la Señora Daniela se levantó, recordando que tenía un fuerte atraso en satisfacción sexual, por lo que decidió empezar a reparar esa falta de orgasmos. Se metió a la regadera y bajo el chorro de agua caliente ...
... comenzó a tocar su cuerpo aun firme, que los años de matrimonio y el embarazo no habían podido dañar, un par de senos de buen tamaño, cintura breve que hacía lucir aún más el par de redondas nalgas. La Señora Daniela poso una de sus manos en uno de sus pezones mientras la otra bajaba por el monte de venus, a través de un área recién depilada donde se alojaba la fábrica de orgasmos que tenía meses sin funcionar. Comenzó a dedearse el clítoris en forma circular, haciendo que el botoncito saltara de gusto, poniéndose duro, listo a recibir un poco de caricias. La Señora Daniela comenzó a sentir como la temperatura de su cuerpo superaba a la del agua que caía de la regadera, bajando su dedo a través de su rajita, hasta llegar a la vulva, donde metió un par de dedos que se meneaban por dentro de su vagina, tocando las paredes deseosas de contacto. Mientras tanto su otra mano acariciaba sus senos y de repente pellizcaba suavemente los pezones, haciendo que estos se pusieran duros de placer, totalmente entregada al placer que se estaba dando a sí misma, cuando de repente un fuerte ruido en la puerta de su casa la saco del trance, alguien llamaba insistentemente, lo cual provoco que Daniela saliera de la regadera, viendo con desagrado que por las prisas había olvidado meter su toalla, por lo que solamente tenía a la mano la toalla para secar las manos. Obviamente esa pequeña toalla no servía para tapar el hermoso cuerpo de mojado de la Señora Daniela, de tal manera que ...