1. La noche que cambió mi vida 1


    Fecha: 06/04/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Josh, Fuente: TodoRelatos

    Hay pocas cosas más desagradables que el sonido del despertador un lunes por la mañana. He probado mil sonidos, y ninguno de ellos me han quitado las ganas de destrozar el móvil contra la pared. Son las 7:00 de la mañana, nuestra pequeña se durmió tarde, a regañadientes y bajo amenaza. Así que parece haberse vengado de nosotros llamándonos cada media hora con las impertinentes excusas de niña malcriada. Es lo que hay, ajo y agua (a joderse y a aguantarse).
    
    Como otros cientos de veces, se me pasa por la cabeza llamar al trabajo para decir que estoy enfermo, pero me puede el estúpido sentimiento de responsabilidad. Algo me dice que debo ser fuerte y vencer la tremenda pereza de enfrentarme a una nueva jornada de esclavitud remunerada. Sara y mis hijos merecen el sacrificio.
    
    ¡Hala! ¡Arriba! Digo mentalmente mientras me giro para ver a Sara recomponiendo su postura para tapar la parte de espalda que he dejado destapada al sentarme en la cama.
    
    Prepararme me lleva un rato largo, al aseo cotidiano de ducha, le sigue el embadurnamiento corporal de una crema específicamente creada para evitar picores desagradables que puedan causar mi excesiva sensibilidad dérmica de cuyo extraño nombre nunca he conseguido acordarme, pero que me provoca picores y enrojecimientos en la piel por casi cualquier cosa que la roce.
    
    En la empresa estoy encuadrado en una categoría intermedia/alta. Una zona gris donde se reciben tortas y quejas de ambos lados de la plantilla. Es cierto que cuento ...
    ... con un equipo de trabajo que me ayuda a sobrellevarlo, pero que, en determinadas circunstancias supone un plus de exigencia. Al menos el sueldo, sin ser una barbaridad, compensa los malos tragos y permite a mi familia disfrutar de desahogo económico para no precisar que Sara busque obligatoriamente una alternativa laboral compensatoria.
    
    Mi despacho, por llamarlo de alguna manera, es un pequeño cubículo donde no cabe más que la mesa de escritorio, estanterías pegadas a la pared repletas de dosieres y carpetas, ventana que da a una zona interior del edificio y una silla corriente para las visitas. Sé que suena deprimente, pero ya me he habituado. Ahora le encuentro ventajas a estar en una zona donde nadie viene más que por necesidad. Un aislamiento que agradezco.
    
    Hoy parece un lunes más, hasta que me encuentro de bruces con un correo que me hace estremecer, la empresa ha tenido la magnífica idea de convocarme a unas jornadas de Comunicación, desarrollo y bla, bla, bla que tendrá lugar en un paraje de incalculable valor paisajístico (en un lugar remoto de difícil acceso y sin distracciones), alejado muchos kilómetros de cualquier atisbo de civilización. El pueblo más cercano se encuentra a unos escasos veinte kilómetros, pero a más de cuarenta minutos por unas carreteras de montaña plagadas de curvas y umbrías heladas.
    
    No puedo dejar de admirar la sagaz inteligencia de la empresa, nos encierran en jaula de oro durante la semana laboral. Cabrones, han pensado en todo, lo ...
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