1. El Poema Nos Expuso


    Fecha: 07/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... provocación.
    
    Lo que encuentra no la halaga. No la exalta. La descompone.
    
    La escena que compartieron —su cuerpo, la ventana, la entrega— está ahí, línea por línea, pero transformada. Elías no la describe como mujer, sino como símbolo. No la trata como una persona, sino como un umbral abierto. Algo que se atraviesa.
    
    Ella no dice nada.
    
    Elías, por su parte, no nota la distancia. Cree que ha logrado algo. Cree que están creando juntos. Pero cada poema lo vuelve más insaciable, y cada encuentro más crudo.
    
    Empieza a provocarla en público.
    
    Una noche, lo enfrenta.
    
    —No quiero que publiques ese poema.
    
    Elías se encoge de hombros.
    
    —¿Por qué? ¿Porque habla de ti? ¿O porque habla demasiado bien?
    
    —Porque es mío —dice ella—. Porque aunque lo escribiste tú, lo tomaste de mí.
    
    Él sonríe.
    
    —Ese es el verdadero arte, Valeria.
    
    Ella lo abofetea.
    
    Elías no se defiende. Solo la observa. Y al día siguiente, escribe otro poema. Más cruel. Más desnudo. Más claro.
    
    Valeria lo lee y se odia por excitarse.
    
    A veces no hace falta una palabra. Basta con la mirada.
    
    Una noche estaban en casa de una amiga. Risas, copas, debate sobre la autoficción y la moral. Elías, sentado al otro lado del salón, levanta la vista solo un segundo. Y Valeria ya sabe.
    
    Ella se disculpa, se levanta y cruza la casa como si fuera al baño. Nadie nota nada. Salvo él.
    
    La puerta del estudio está entreabierta. Cuando entra, Elías ya está de pie, desabrochándose el cinturón.
    
    Valeria ...
    ... no dice nada. Se arrodilla sin apuro. Como si fuera rutina. Como si ese espacio entre sus piernas fuera el único lugar del mundo donde puede respirar con claridad.
    
    Toma su sexo con ambas manos, lo lame primero como un ritual y luego se lo mete a la boca hasta que lo siente endurecerse por completo. Sabe qué ritmo quiere, cómo le gusta el contacto con los dientes, cuándo mirarlo a los ojos. Ha perfeccionado su técnica por sumisión y por orgullo. Porque Elías solo se relaja con ella. Porque cuando gime, cuando se desarma, es suyo. Por completo.
    
    Cuando termina, él apenas le acaricia el cabello.
    
    —Gracias, putita —dice, apenas audible.
    
    Y Valeria, aún de rodillas, traga, se limpia con el dorso de la mano y asiente.
    
    Se odia por excitarse. Por haber sentido el cosquilleo entre las piernas mientras él la usaba así, rápido, callado, como si fuera una extensión de su deseo.
    
    Pero al mismo tiempo se ama. Por saber hacerlo tan bien. Por complacerlo sin que él tenga que pedirlo. Por anticiparse. Por ser eso: una putita obediente.
    
    El lenguaje le suena sucio, sí. Pero también verdadero. Más que cualquier poema que Elías haya escrito.
    
    Esa es su disyuntiva.
    
    Entre la mujer que todos admiran —la inteligente, la precisa, la impenetrable—
    
    y la otra, la que se arrodilla y espera la señal como un perro bien entrenado.
    
    La que gime en silencio solo para no interrumpir la conversación en la sala contigua.
    
    La que piensa: “Nadie me ve como él me ve. Y eso me destruye. ...