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Gritos de éxtasis y agonía en el callejón
Fecha: 08/04/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos
... mirada perdida, me daba por mirar a esos hombres, sobre todo en especial a ese que, me estuvo metiendo mano en los aseos. Mirada que en ocasiones era directa, no siendo provocadora. Tíos que se acercaron a la barra a pedir, colocándose detrás de mí, fingiendo que cogía algo, pero en verdad, aprovechaba para meter mano, y restregarse. Hasta que finalmente me marche con mis amigas. Al salir de esa discoteca, esa puerta nos condujo al callejón, dándonos en ese momento por la falta de iluminación lo oscuro de ese callejón. Se nos presentó ante nosotros como un pasaje misterioso, lleno de sombras y temor. Mis amigos aparecieron lo justo para tomar un Uber, haciéndome ver que iban lo justo, sugiriendo que fuera con las chicas. Amigas que decidieron tomar un taxi, pero yo, en un arrebato de rebeldía, opté por caminar solo, saboreando lo ocurrido en el interior de esa discoteca, cada paso disfrutaba de esa adrenalina que recorría mis venas. Estaba embobado, ni me percaté que me seguían, menos me di cuenta de que se está observando por esos tres hombres que dentro intentaron finalmente seducirme, esperando algo más de mí. Su interés se convirtió en deseo, y su deseo, en una necesidad imperiosa de satisfacerse. Cuando me di cuenta de su presencia, ya eras tarde. Me acorralaron en el callejón. Sus intenciones eran claras: me querían y me iban a tener, sin importar lo que yo pensara. No grité, no luché; algo en mí se rindió a la situación, aceptando el reto que ...
... habían creado con mi comportamiento. Dando mi consentimiento, me comporté con ellos como un ‘calientapollas’. En mi interior lo deseaba, quería que me tomaran, y sabiendo que la única manera de que dieran ese paso, era provocándoles. Y ellos, en respuesta, se decidieron a vengarse de mi osadía. El morbo y la adrenalina de esa noche tomaron el control. Ya no había vuelta atrás. Me cogieron, metiéndome detrás de unos contenedores, el aire está cargado de tensión y deseo. Los tres hombres me rodearon, sus intenciones eran claras y su lujuria palpable. Me siento acorralado, vulnerable, pero también hay una extraña excitación, una mezcla de miedo y anticipación. El acontecimiento se desarrolla con una intensidad que me deja sin aliento. No hubo violencia en sí, sino una urgencia. El primer hombre, el que toma la iniciativa, se acerca a mí con una confianza y una determinación. Con una mano firme y decidida, me agarra por la cintura, sus dedos apretando ligeramente mi piel, como si me estuviera marcando, reclamándome. ·“Vamos, maricon, sabes que lo deseas”. Me susurra al oído, su aliento caliente y acelerado. Con un movimiento rápido y seguro, su mano se desliza hasta el cuello de mi camisa, y con un tirón decidido, me la arranca, dejando los botones esparcidos por el suelo. Mi camisa, ahora hecha jirones, la deja caer a mis pies, convertida en harapos. Mientras este se ocupa de mi camisa, los otros dos hombres me sujetan firmemente, asegurándose de que no me ...