1. Un viaje para olvidar II Noche


    Fecha: 12/04/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos

    ... vieja.
    
    Entonces, por el rabillo del ojo, creí ver algo en una de las ventanas. Un destello, como unos ojos brillando en la oscuridad del bosque. Me quedé quieto, el tenedor a medio camino de la boca, pero cuando giré la cabeza para mirar mejor, no había nada. Solo la negrura del exterior y el reflejo de la lámpara en el cristal.
    
    —¿Qué pasa? —preguntó Alex, con una ceja levantada, mientras se metía un trozo de tomate en la boca.
    
    —Nada, creí ver... no sé, algo fuera —dije, sacudiendo la cabeza.
    
    No le di más importancia, pero justo entonces, un aullido lejano rompió el silencio del bosque. Largo, profundo, como si algo estuviera llamándonos desde la espesura. Alex y yo nos miramos, y aunque no dijimos nada, supe que los dos lo habíamos sentido: una corriente fría, como si la cabaña ya no fuera solo nuestro refugio.
    
    Después de cenar, Alex sacó un cigarro de un paquete arrugado que había dejado en la mesa de la cocina. No dijo nada, solo me lanzó una mirada y salió al porche, descalzo, desnudo, con la piel brillando bajo la luz plateada de la luna que empezaba a alzarse sobre el claro. No fumo, nunca me ha ido, pero lo seguí sin pensarlo, sintiendo el aire fresco del bosque en cada centímetro de mi cuerpo. La noche estaba viva, con el canto de las cigarras y el susurro de las hojas movidas por el viento. Alex encendió el cigarro, y el resplandor de la llama iluminó su rostro por un segundo, resaltando los tatuajes de su pecho y la curva de su mandíbula.
    
    Me ...
    ... apoyé en la barandilla del porche, a su lado, y empecé a hablar. No sé por qué, pero las palabras se me escapaban como si llevaran años queriendo salir. Hablé de los años en que éramos inseparables, de las noches en las que compartíamos todo: besos que sabían a whisky robado, abrazos que nos hacían olvidar el mundo, salidas nocturnas a saunas gay donde nos perdíamos en el calor y el sudor de cuerpos desconocidos. Hablé de las mamadas en callejones oscuros, de las folladas salvajes en baños de discotecas, de las orgías donde nos entregábamos al placer sin pensar en nada más. Las palabras salían a borbotones, como si al contarlas estuviera volviendo a vivir cada momento, cada roce, cada gemido.
    
    —Joder, Alex, echo de menos eso —dije, con la voz cargada de nostalgia—. Cuando no había que pensar en nada, solo sentir. Tú y yo, contra el mundo, ¿te acuerdas?
    
    Seguí hablando, perdido en los recuerdos, sin darme cuenta de que Alex había dejado de mirarme. Sus ojos estaban fijos en el bosque, en la espesura oscura que rodeaba el claro. Chistó, un sonido suave pero firme, intentando callarme, pero yo estaba demasiado metido en mi propia cabeza, parloteando sin parar. De pronto, sentí sus manos en mis hombros, fuertes, decididas. Me empujó hacia abajo, y antes de que pudiera reaccionar, estaba de rodillas frente a él. Sin decir una palabra, me metió su verga en la boca, dura y caliente, llenándome por completo.
    
    Me puse a mamar con entusiasmo, dejando que el ritmo del "glo glo" de mi ...