1. Me enseñó un sexo que desconocía (1)


    Fecha: 13/04/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Montes Federico, Fuente: CuentoRelatos

    Había cortado con mi nuevo “mino” tras dos frustrantes sesiones de sexo. Uno más para la colección de penes con un cuerpo detrás que solo entendían de ponerla dura y meterla en los agujeros que podían y a eso le llamaban sexo. Me había mal acostumbrado con un catalán cuarentón que conocí hace dos años y que estuvo pasando por mi cama durante unos siete meses antes de volverse a su país. Horas de mimos, juegos, lamidas, juguetes y caricias (y obvio también penetración), con un sexo intenso y variado. Si no hubiese estado casado (lo aclaró de entrada) me iba con él a Cataluña aunque mis padres protestaran.
    
    No soy una de esas pendejas hermosas con una fila atrás. Tengo, eso si, un cuerpo atlético y no soy para nada fea. Mi colita, aunque pequeña es redondita y parada, mis tetas son mas vale chicas y creo que mi parte más destacada son mis piernas que, por el ejercicio, son torneadas y firmes. Una piba del montón, diría, flaquita, rubia, simpática. Pero estaba lejos de sentirme una diosa.
    
    Penando por mi soledad, estaba tirada en una reposera, en la casa de veraneo de mis viejos, tomando sol y recordando a mi catalán, cuando vi que en la casa de al lado bajaban muebles y bultos y, de puro curiosa, fui a ver que nueva familia de plomos se mudaban, esperando que tuviesen hijos o hijas de mi edad para renovar el plantel del barrio. Habían trabajado unos planteles reformando el lugar y ahora ya se venían los nuevos vecinos. Pero estaban solo los operarios de la empresa de ...
    ... mudanzas y una mujer de cincuenta y pico, seria y mandona que les indicaba donde iba todo.
    
    Ya me volvía a mi tarea de tostarme al sol cuando escuché primero y vi después entrar un auto que se estacionó a la entrada de la casa y bajar un morocho de unos cincuenta años, entrado en canas, atlético, musculoso y que mostraba en sus movimientos aplomo y autoridad sin necesidad de alardear. Habló con la mujer (¿quizás la señora?) y entró en la casa, dejándome con ganas de conocer más del nuevo vecino.
    
    Los próximos dos días espié a través del cerco de plantas, pero no pude ver a nadie ni descubrir nada nuevo ni la radio interna del chusmerío femenino aportó nada, hasta que el sábado salí a hacer mi circuito de caminata y trote por el sendero (que bordea la cerca perimetral y está flanqueado por álamos). En el primer recodo, en uno de los sitios de aparatos de gimnasia que tiene, estaba el nuevo vecino elongando. Antes de acercarme me dediqué a observarlo. Buena figura, carnes sólidas, pancita apenas incipiente, atlético, linda pinta, las sienes canosas y una presencia sólida. Retomé el trote hasta llegar a él, lo saludé y comencé mis ejercicios de elongación.
    
    -“Hola, me llamo Ricardo. Me acabo de mudar al lote 52 y estoy inaugurando mis trotes mañaneros después de acomodarme. ¿Vos sos del barrio? Porque me indicaron esta senda, pero no sé hasta donde sigue”.
    
    -“¿Qué tal Ricardo?, me llamo Irina y soy tu vecina del lote 51”, le contesté ofreciendo mi mano que estrechó cálida pero ...
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