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La Luz atrapada en una bombilla
Fecha: 15/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Porthos, Fuente: TodoRelatos
PRÓLOGO —¿Cómo es posible—preguntó ella, mirándolo con sus ojos incendiados en un sordo desafío—que seas el único aquí que no quiere follarme? Carlo quedó helado tras escucharla. Allí estaba él, con sus manos ocupadas con dos vasos de un insultante destilado y con cara de petimetre dieciochesco. Ella, sentada sobre la mesa de madera cruda, vestida con un top negro de rejilla, insinuando su anatomía como un codificado de Canal +, tonteaba con un musculitos con cara de premiado en la lotería. —¿Siempre eres tan pelele, o es que a caso te pone ver como me follan?—cizañalleó ella, sin pausa. La provocación vino acompañada de un sugerente gesto que ella le dedicó a su acompañante. Después de ensalivarse el índice y el corazón, de forma procaz, guió su mano hasta la boca del adonis, quien aceptó—con sumo gusto—, que se los introdujera en su boca. Los lamió, los rechupeteó e, incluso, se permitió el lujo de agarrar la mano de ella y comenzar un mete-saca lascivo con ellos. Los hilos de saliva insultaban la escena; y, sobre todo, lo insultaban a él. Ella, perdida en la sensación de ser lamida, se desentendió de quien estaba parado frente a ella, con las copas entre las manos como si fuera una estatua oferente. Sin mediar palabra entre ellos, se levantó del asiento que ocupaba, se bajó la falda que cubría sus rotundo muslos, y agarró la mano de su acompañante, levantándolo; más con su simple voluntad que por el gesto. Ella era rubia. De uno de esos rubios ...
... que llaman la atención pese a no ser una característica inusual. Lo inusual era la tonalidad. Era un rubio puro; de oro. Era tan… rubio…que no podía pasar desapercibido. Era un rubio que, a cualquiera que hubiera tenido una infancia feliz, y hubiera escuchado de boca de sus padres o de sus abuelos el cuento de Rapunzel, lo habría asociado enseguida. Esa, era una gran diferencia. Para el tipo que sostenía las bebidas—estoicamente—, lo era. Para el resto que poblaba el bar, ella, nada tenía de cuento de hadas, solo era un coño más con el que follar. La cultura y los bares de carretera, parecen estar reñidos en una lucha tan intemporal, como la eterna discusión entre ciencia y fe. Ante la pasividad de él, que la miró con una expresión a caballo entre el enfado y el desafío, ella se soltó de su juguete—pues, a leguas se notaba que eso era el musculitos—, y se dirigió al Juke-Box. Introdujo una moneda—Dios sabrá de dónde la sacó—, y pulsó varias teclas. El sonido mecánico de la aguja, obediente, como una especie de IA primitiva; eocénica, se arrastró por los primeros surcos de «Wicked game», desgarrados por la voz renegada de Ville Valo. Pocas veces una versión supera a la original. Pero, por mucho que le soliviante a los puritanos, la voz del finlandés empapó el tugurio como si un depósito de miel y vinagre hubiera abierto sus compuertas y su contenido terminara escapándose y empalagado el local. El cuerpo de ella se dejaba moldear por las notas caústicas; ...