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Incesto y perversión (13) padre/hija
Fecha: 15/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... Así que arremetió con fuerza, con movimientos más intensos. El cuerpito de ella apretado por el suyo. En un punto, Mauricio le enterró la verga por completo, cosa que lo sorprendió. La dulce concha de su hijita era estrecha, pero, de a poco se había abierto paso en ella. También sentía ese perfecto culo en su pelvis, cosa que disfrutaba mucho. —¿Estás bien? —le preguntó. —Sí —dijo ella—. Se siente bien… Se siente bien tenerte adentro, papi. Mauricio se preguntó, no por primera vez, de dónde había salido tan degenerada esa adolescente. Claro, él y Virginia eran primos hermanos, y jamás se lo habían ocultado a sus hijos. Eso, ya de por sí, no era el mejor ejemplo. Pero esto era muy diferente. Esto era mucho más perverso. Y Lulú no parecía tener las inhibiciones que él mismo tenía. Simplemente hacía lo que quería. En eso la envidiaba un poco. —Y yo me siento muy bien adentro tuyo, bebé —le susurró al oído—. Siempre vas a ser la nena de mis ojos. Llevó la mano a uno de los senos de la chica y ambos siguieron meneándose al ritmo del placer, ocultos en la oscuridad. Luego le llevó esa misma mano a los labios y ella empezó a chuparle el dedo, como cuando era una niña y se chupaba su propio pulgar. Mauricio estaba consciente de que había agregado al peligro algo mucho más peligroso aún: se la estaba cogiendo sin condón. Pero nada de eso los detenía. Ese era el poder de su hija adolescente. Lo llevaba a hacer cosas que nunca haría. Y ahora estaba ahí, a unos ...
... metros de su mujer, nuevamente cogiéndosela por detrás como si no terminara de asimilar el desastre que podía acontecer si Virginia se enteraba de lo que estaban haciendo. Ahí estaban los dos, con los cuerpos encendidos, apareándose como dos animales salvajes, ya despojados de toda moral, de toda ética, ya hundidos en los brazos del incesto, ya sin conciencia, con todos los nervios y las neuronas concentradas en el placer que desbordaba por cada célula de sus cuerpos. De hecho, llegó un punto en el que parecían compartir el mismo cuerpo. Eran uno solo, jadeantes, golosos, inseparables. Lulú tuvo que morder el dedo del padre para contener un gemido, cuando él la embistió con más potencia. Luego lo liberó y se rio, y él le mordió la oreja mientras seguía metiéndole la pija por detrás, sintiendo la humedad de ella, mucho más húmeda que el agua de la pileta. Entonces sintió que pronto alcanzaría el clímax. Retiró la verga de adentro de ella. No podía eyacular en su útero, obviamente, pero tampoco podía hacerlo en la pileta, así que hizo algo diferente. Le dijo que se apartara. Entonces subió unos escalones, por la escalera, y se puso de perfil. Lulú se encontró con la verga dura de su papá a la altura de su rostro. No necesitó indicaciones para saber lo que tenía que hacer. Envolvió la verga con sus suaves dedos, y se la llevó a la boca sin dudarlo, al igual que lo había hecho con la verga de su hermano hace algunas horas. Empezó a chupársela con fruición. Miró hacia ...