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Incesto y perversión (13) padre/hija
Fecha: 15/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... arriba mientras lo hacía. Su papá parecía una escultura. Su cuerpo mojado, brillando bajo la luz de la luna, los músculos trabados, el abdomen perfectamente marcado, el pectoral potente, los muslos fuertes, las piernas peludas, y la verga más dura que cualquier otra parte de su cuerpo, en su propia boca, atrapada en su humedad. Y todo ese cuerpo tan poderoso, sometido a su estímulo, sensible a las lamidas que le daba, sobre todo cuando la lengua se concentraba en el glande, cosa que lo hacía temblar de pies a cabeza, y lo hacía soltar gemidos intensos que él mismo no aprobaría. El semen brotó por fin y ella lo recibió como si fuera un elixir que hacía rato esperaba engullir. Se lo tragó todo, como correspondía. Él pensó que solo por eso merecía que le perdonara todas sus travesuras. Luego Lulú separó los labios y sacó la lengua, para que él estuviera seguro de que ninguna gotita quedó afuera. Largó una risita infantil. Mauricio, con la verga ya fláccida, descendió por la escalera nuevamente. La abrazó, le dio un beso, sintiendo el sabor de su propio semen en el paladar. Llevó las manos por debajo del agua hasta palpar el carnoso orto de su nena. Era todo tan perfecto, que no lo podía creer. Sabía que su vida pendía de un hilo y sin embargo era demasiado maravilloso. Era el paraíso. Nadaron un poco más, flotando en ese mundo de silencio azul, apenas interrumpido por el sonido sutil de las gotas resbalando por sus cuerpos y el leve chapoteo de sus movimientos. El agua ...
... tibia les acariciaba la piel como una segunda mano invisible, envolviéndolos en una intimidad líquida que parecía protegerlos del resto del mundo. Se miraban de cerca, de reojo, con la complicidad de quienes comparten un secreto. Se rozaban bajo el agua. Sus cuerpos desnudos se encontraban a cada rato. Él, por su parte, no podía evitar seguirla con la mirada cada vez que ella se alejaba unos metros para nadar de espaldas, con los brazos extendidos y los muslos emergiendo apenas del agua. Verla así, si nada que la cubriera, le producía una mezcla de excitación y ternura que ninguna mujer le produciría jamás. Ambos sabían que quedarse más tiempo en la pileta era un riesgo innecesario. Además, si se quedaban un rato más, querrían repetir, y ya había estado demasiado tiempo fuera del dormitorio. Y ni hablar que necesitaba un tiempo para secarse por completo. —Mejor salgamos —murmuró. Lulú asintió con obediencia, cosa que le sorprendió. Ella fue la primera en dirigirse a la escalerita metálica. Mauricio se quedó en el agua, observándola sin pudor. Cada peldaño que subía dejaba al descubierto más de su cuerpo brillante, perlado por el agua, que escurría en hilos finos por sus piernas. Pero, sobre todo, no podía dejar de apartar la mirada de ese profundo culo que ahora la chica le restregaba en la cara, provocándolo. Mauricio tragó saliva, ya comenzando a dudar de si no podía darse un gustito más con esa chica tan depravada. Emergió con lentitud, sintiendo cómo el ...