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Incesto y perversión (13) padre/hija
Fecha: 15/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... y juguetones, se posaron sobre Mauricio con una lascivia salvaje. Lo llamó con un movimiento del dedo índice. Él no tardó en ir, a pesar de que ahí estaban aún más expuestos que en la pileta. Apoyó las rodillas entre las piernas de su hijo, y se deslizó para ponerse sobre ella. Pero Lulú apoyó la mano en su cabeza, deteniendo su movimiento. Él no entendió su actitud de entrada, pero, cuando Lulú contrajo ambas piernas, dejando su sexo rosado expuesto, lo entendió. Se le hizo agua la boca. Se moría de ganas de chuparle la concha, pero temía lo que pudiera pasar mientras estuviera concentrado, con la cabeza hundida entre sus muslos. —No te preocupes. Mamá no va a venir. Otra vez Mauricio se desconcertó con la seguridad de la chica. Estaba claro que había cosas que se le pasaban por alto. ¿Cómo se las había arreglado Lulú para que nadie los interrumpiera? ¿Adriel la estaba ayudando? Pero no terminaba de entender qué podría haberle dicho para convencerlo. Sin embargo, no preguntó nada. Ya lo haría más tarde. De momento, se inclinó y metió el rostro dentro de la toalla que envolvía a su hija. Sintió el olor de sus flujos primero. Luego lamió el muslo, y después de hacerla soltar gemidos suaves, fue por la vulva y percibió el sabor. Entonces empezó a lamerla con fruición. Apoyó las manos en las piernas de Lulú, y fue subiéndolas, haciendo que la toalla subiera a su vez. Entonces cerró los labios en el clítoris. Ella respondió a ese gesto apoyando la mano en su ...
... cabeza, tirándole del pelo, y largando un gemido peligroso. Él levantó el rostro, y vio los ojos encendidos de la chica, llenos de lujuria. —Muy bien, mi niño. La estás chupando bien. Sos un buen petero —dijo ella. Mauricio soltó una risa. Siempre le sorprendía las ocurrencias de su hija, que lo hacía reír en los momentos más inesperados. No tardó en lamer el clítoris con intensidad. El aire se llenaba de suspiros entrecortados, cada sonido que escapaba de la boca de Lulú llevaba consigo una chispa que iluminaba su rostro. Sus manos temblaban, y se apretaban más en la cabeza de su papá, mientras su cuerpo se arqueaba como queriendo alcanzar algo más allá de sí misma, mientras sentía ese placer inefable en su entrepierna. Mientras Mauricio seguía estimulando esa parte tan sensible de su cuerpo, sus ojos se cerraron lentamente, permitiéndose a sí misma sumergirse en la marea que la envolvía. Cada lengüetada la sentía como un golpe de placer capaz de desmayarla en cualquier momento. Después de unos minutos, él sintió en su propio cuerpo el placer de su hija. Los muslos se cerraron en su rostro sin piedad, y ella empezó a hacer movimientos pélvicos, restregándole la vagina en su cara. Mauricio oyó los gemidos de su hija, intensos, pero amortiguados. Cuando los músculos de Lulú se relajaron, levantó la cabeza y vio que se estaba mordiendo la mano. —Ahora vos no me vas a dejar con la pija dura —le dijo él. Ya olvidándose de toda precaución, La agarró de la ...