1. Incesto y perversión (13) padre/hija


    Fecha: 15/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos

    ... aire fresco le acariciaba la piel caliente. Su verga ya estaba peligrosamente hinchada.
    
    Se dirigieron al corredor, en una parte en donde estaban las toallas. Ella empezó por el cabello, y Mauricio se quedó un rato admirando su cuerpito desnudo, apenas visible, pues en esa parte no llegaba tanta luz lunar.
    
    Se secaron sigilosamente, sin siquiera intercambiar palabras entre ellos. Se sorprendió cuando vio que ella terminó primero que él.
    
    Se había envuelto con un toallón. Era tan pequeña que le cubría por completo. Pero ahora que su desnudez estaba oculta, no era menos tentadora para él. Después de todo, con solo deshacer ese precario nudo que sostenía la tela sobre su cuerpo, ya tendría a su hija como dios la trajo al mundo de nuevo.
    
    —Dame, te ayudo —dijo Lulú de repente.
    
    Sin esperar respuesta, se paró frente a él y comenzó a secarlo con una lentitud que no era nada inocente. Primero le pasó la toalla por el pecho, en movimientos circulares, suaves, como si más que secarlo, quisiera memorizarlo con las yemas de los dedos. De hecho, esa parte ya la tenía seca, pero él no dijo nada al respecto. Luego bajó por el abdomen. Mauricio cerró los ojos un segundo, concentrado solo en el contacto, en el aroma a cloro y a perfume que aún quedaba en su piel.
    
    Ella siguió bajando, pasando la toalla por sus caderas. Después siguió camino hasta los muslos, donde sus movimientos se hicieron más lentos. La verga estaba ahí, colgando, y ella, que estaba agachada, la tenía a ...
    ... centímetros de su rostro, otra vez.
    
    —Estás temblando —le dijo, con una voz más baja.
    
    —Es solo por el viento —dijo él, susurrando—. Apurémonos. Si no, nos podemos resfriar.
    
    Entonces ella hizo algo más atrevido, algo que a él no le sorprendió. Empezó a frotarle los testículos con la toalla.
    
    —Tenés mucho pelo acá —le dijo—. ¿Nunca te lo depilás?
    
    —No. Solo me lo recorto. A veces. ¿No te gusta?
    
    —Sí, me gusta. También me gusta tu barba, el pelo en el pecho, y en las piernas… Sos como un oso. Pero con el cuerpo todo trabajado.
    
    Mauricio sintió el aliento de la chica, mientras hablaba, sobre su verga, cosa que hizo que se terminara de endurecer.
    
    —Qué rápido se te para —comentó la chica, que vio cómo ese falo crecía en sus narices—. Y eso que también cogiste con… Ah, cierto que no la puedo nombrar.
    
    Mauricio acarició el rostro de Lulú. Luego apoyó la mano en su cabeza.
    
    —¿Qué? ¿Te pensás que te la voy a chupar de nuevo? —preguntó la chica—. Por si no te diste cuenta, yo no acabé.
    
    Se puso de pie, dejando tras de sí un leve rastro de perfume, y caminó lentamente hacia la reposera como si cada paso fuera parte de un ritual cuidadosamente escogido. La lámpara que alumbraba tenuemente esa parte de la galería proyectaba sombras que jugaban con la figura armoniosa de su cuerpo, resaltando el brillo de su piel y el movimiento sensual de sus caderas.
    
    Ella se acomodó, con una pierna extendida y una flexionada, dejando una abertura entre sus muslos. Sus ojos, intensos ...
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