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Clara y el fotógrafo
Fecha: 16/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ilustrado, Fuente: TodoRelatos
... frecuentar, Julián recibió un mensaje privado. Era de alguien que firmaba como Daniel. El texto era breve, sin palabras groseras como solían emplear el resto de los usuarios, pero cargado de intención: “Tu mujer está increíble. No hace falta verle la cara para saberlo. Puedo ayudarte a cumplir eso que llevas tanto tiempo anhelando pero que no te atreves a exteriorizar. Solo necesito una oportunidad.” Julián se quedó inmóvil, mirando la pantalla. Parecía que Daniel podía adivinar lo que él apenas se atrevía a admitir. -Sabes, soy aficionado a la fotografía y en ocasiones la he utilizado para conseguir que una mujer se mostrara desnuda delante de mí -dijo Daniel. -No sé…Clara no es de esas que se dejen convencer fácilmente… Además, es peligroso – respondió Julián titubeante. -Créeme, todos dicen eso al principio – replicó Daniel -. En el foro, más de un hombre juraba que su esposa jamás aceptaría. Y sin embargo…ahí están, algunas de las fotos que han subido los maridos son mías. - ¿Cómo lo haces? -Soy una persona de fiar. No hay truco. Solo paciencia. Les muestro lo que veo: la luz sobre su piel, la fuerza de sus gestos. No empiezo pidiendo demasiado, solo un retrato inocente…y, poco a poco, son ellas mismas las que cruzan la línea. Sólo necesito que me des un número para contactarla. Julián se asustó y salió del chat. Durante días, dejó sin respuesta el mensaje. Pero la curiosidad y ese hormigueo inquietante le hicieron volver. Cuando por fin ...
... contestó, no le dio un número de teléfono, sino una frase que, al escribirla, le heló los dedos: “Ella suele ir al mercado de San Joaquín los miércoles a las 10.” Envió el mensaje con la primera foto completa de Clara que había subido, la del bikini, pero esta vez sin ocultar su cara para que pudiera reconocerla. Cerró la ventana y se quedó mirando la pantalla negra del monitor. Esa noche casi no durmió. Los remordimientos le comían por dentro y el miedo de poder haber hecho algo irreversible le contraía el estómago de una manera casi dolorosa. A la mañana siguiente, intentó convencer a Daniel para dejarlo ahí, para no seguir con esa locura. Pero la respuesta llegó seca y definitiva: “Ya no es posible. Déjame a mí. No te arrepentirás.” Julián sintió una punzada de miedo. No sabía si lo que había empezado era un juego, una trampa… o algo que, por mucho que quisiera, ya no podría detener. El miércoles, Clara se vistió como siempre para ir al mercado: blusa clara, falda que le cubría hasta la rodilla y un bolso grande colgado del hombro. Julián la vio salir por la ventana del despacho, con una sensación agria en el estómago. No sabía qué haría Daniel ni cómo se presentaría. Tampoco quería saberlo, y sin embargo no podía dejar de imaginarlo. Cuando Clara volvió al mediodía, traía la compra de siempre, sonreía de manera distraída y hablaba de la señora del puesto de verduras. Ninguna mención a un fotógrafo, a un desconocido, a nada extraño. Julián sintió alivio… y ...