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Efectos secundarios
Fecha: 16/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Daany20, Fuente: TodoRelatos
Desperté. No sabía en dónde estaba, ni que me había ocurrido. Todo era borroso después de perder el sentido, pero antes de eso la memoria era terrible y clara. Subía con Luis, Raúl y Sergio -mis amigos de alpinismo- por una sinuosa escarpada. Nada que no hubiéramos hecho antes, pero alguien se equivocó. Supongo que fue Raúl, el menos experimentado, que no alcanzó a colocar bien el polín en una de las grietas de la marcada pendiente. El anclaje se salió del muro como si hubiera sido un pájaro fuera del nido y mi cuerda no resistió... Caí, lo sé por el sonido de mi cuerpo sobre las rocas y el crujir de mis huesos robándome el aliento. Me supuse muy mal herida, con más de una fractura expuesta y con la certeza de que nadie iba a poder auxiliarme. Evalúe con rapidez la gravedad de mis heridas y entendí que más de una era mortal. Quise gritar, pero el dolor había drenado mis últimas fuerzas para hacerlo. Al cabo de todo, me desmayé. Y entonces desperté aquí. En una cama mullida, con una cobija encima y una profunda extrañeza. No había rastro de malestar en mi y, aunque no había revisado si algo me faltaba, la falta de molestias ya era una buena señal. Levanté con cuidado la pieza de tela que me tapaba y pude revisar el estado general de mi organismo. Estaba entera, podía mover los pies y eso me tranquilizó. Algo había ocurrido, porque a simple vista no había hallado moretones ni cicatrices. Vamos, ni siquiera un simple rasguño. Por otra parte... débil y hambrienta ...
... si que estaba. Necesitaba un paquete intenso de calorías, algo de proteína y quizá un poco de grasa y agua. Me incorporé como pude y noté a unos metros de la cama un tazón con bayas, hongos de varios tipos y un pedazo de carne apenas asada, probablemente fría, pero necesaria. Me voltee, puse un pie en tierra y, al intentar caminar, estuve a punto de darme de bruces contra el suelo. Conseguí regresar y envolverme de nuevo con la cobija, aunque el ruido fue enorme y de seguro a alguien alertó. En efecto, poco tiempo después alguien entró a la habitación. -Hola. Al fin despertaste, y me imagino que con bastante hambre -dijo un hombre joven y apuesto. No pude no fijarme en él. Era alto como un ropero, atlético sin ser exagerado y de cabellera larga y abundante. Asentí. El llevó la charola hasta la cama y me vió comer con avidez. Por unos instantes me pareció que le divertía, ya que no dejaba de mirarme con profunda curiosidad. Decidí no darle importancia. Tenía que alimentarme y, después de todo, alguien me había curado. No sabía aún si había sido él. Terminé el plato hasta las migajas. Había comido con las manos, como una troglodita, pero el banquete había sido abundante y mi estómago lo agradeció. Después, me volví hacia él y pregunté: -¿Dónde estoy? El sonrió. Puedo jurar que su sonrisa era cristalina y pura, más como si hubiera sido producida en un sueño lúcido que en la realidad. -En mi aldea, a salvo. -respondió. Tenía muchas preguntas atoradas en la ...