1. Efectos secundarios


    Fecha: 16/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Daany20, Fuente: TodoRelatos

    ... clavícula izquierda. Al menos tres costillas rotas, posiblemente el hígado comprometido y no sé si uno de mis riñones perforados...no soy sanadora como tú, pero de dónde vengo soy médico. Y sé que curarme era poco menos que imposible...
    
    -Tal vez entre tu pueblo sea imposible atender a una persona en agonía, pero aquí no es como allá...utilize algunas hierbas, hongos y especies. Claro, tuve que colocar tus huesos en su lugar, y luego te unté de esa mezcla cada día por estas semanas... pero valió la pena. Estás lista y recuperada.
    
    -Es milagrosa...-le digo, en lo que veo que empiezo a retomar fuerza en mis piernas-créeme que sería un gran descubrimiento de dónde yo soy.
    
    -Si, bueno...-se apresuró a contestar. -Hay que entender la proporción correcta y las técnicas de colocación... pero de todas formas no creo que sea una buena idea.
    
    -¿Por qué? -le pregunté extrañada- ¡No tienes idea de lo que ésto significaría para cientos de miles de personas! Para tí, seguro el premio Nobel, y para la humanidad...
    
    Sin asomo de agresividad me interrumpió, al tiempo que sonreía. No era está vez una expresión amable en su rostro sino enigmática...como si hubiera un cierto arrepentimiento en su interior.
    
    -Discúlpame, no te pregunté tu nombre.
    
    -¡Oh lo siento! -le dije apenada- soy Daniela... Danny, para mis amigos.
    
    -Ya veo, Daniela. Pues mira , esta pócima que te dí tiene ciertos efectos secundarios. No es con toda la gente, quizá ni siquiera con la mayoría. Pero, ¿Sabes? ...
    ... Yo no te la habría dado si no hubiera sido por lo mal que te ví.
    
    Me inquiete por un momento y le pregunté:
    
    -¿Que clase de efectos secundarios?
    
    -Hablaremos de eso si se te presentan... además, varían de persona a persona, pero no te preocupes. Además, era eso o dejarte morir... ahora, quiero que vengas conmigo, hay un par de asuntos que debemos ver con el consejo de ancianos.
    
    Asentí. Al menos ya podía caminar por mi misma, y en algo él tenía razón. Me puso unas sandalias de cuero y salimos de su cabaña rumbo a la aldea. Durante el camino me fue hablando sobre las tradiciones de su pueblo, de la forma en que habían sobrevivido lejos de la interacción con "los humanos" (sic) y de que hacia décadas que nadie de afuera había pisado esos territorios. Le volví a agradecer y supe que estaba en buenas manos.
    
    Al llegar a la aldea -que estaba a poco más de un par de kilómetros de su choza, pude notar algo: toda la gente era de una belleza singular. Hombres atléticos, fuertes y vigorosos, trabajando junto a chicas altas, de curvas delicadas pero de buenas proporciones. Hermosas de rostro y con una tierna expresión en su mirar. Me extrañó ver ese conjunto de personas que solo en una pasarela de modas habría hallado...y ni así.
    
    -¿Que son ustedes, Esu? -le pregunté a quemarropa, cuando ya la curiosidad pudo más que mi prudencia.
    
    El volvió a su sonrisa suave. Y entonces contestó:
    
    -Tu pueblo nos llama elfos, Danny. Pero nosotros tenemos otros nombres que nos agradan ...
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