-
Efectos secundarios
Fecha: 16/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Daany20, Fuente: TodoRelatos
... llenaba por completo, como al entrar y salir de mi interior, dejaba mi hueco ardiendo, encharcado y con ganas de más. -Esu... amor -le dije cariñosa mientras saltaba con desespero encima de su portentosa tranca. -¿Es esto real? Al parecer, él ya se había prendido lo suficiente como para perder el control. Me tomó de la cintura y me cargó de pronto. Sus manos estaban de súbito en mis glúteos, mis brazos en su cuello y su miembro sosteniendo con firmeza mi cuerpo en lo que él me paseaba por toda la habitación. Yo estaba literal flotando con su pene metido hasta lo más profundo de mis entrañas, y al caminar conseguía que yo saltara con eso adentro. ¿Y que puedo decir? Me maravillo su gallardía. Yo soy delgada -aunque mis curvas se hubieran acentuado en esos días - pero no había sido tomada de esa manera. Él por su parte no parecía cansarse de estarme cargando, se veía entero y, si bien bufaba de placer, su mástil parecía estar enchufado a mi sexo. Ya para esos momentos perdí todo el control. Mis gemidos se escucharon a lo largo de toda la cabaña, posiblemente hasta lo profundo del bosque. De pronto, Esu me tiró sobre la cama, me dió media vuelta y me puso en cuatro...era como si mi cuerpo fuera de trapo y papel, en sus manos no había forma de poner resistencia. Entonces me dijo: -Así que esto es lo que querías, ¿No es cierto? Ahora vas a conocer el verdadero placer. Por un momento me confundió. Ya me había acercado tanto a la gloria que no pensé que eso ...
... podría mejorar. Pero me equivoqué. Esu me tomó de las caderas y se hundió en mi sexo como si ya fuera de su propiedad. Empezó a penetrarme despacio pero con fuerza. Con su hermoso miembro inundando mi cavidad cada vez más caliente. Yo me sentí como una zorra, una hembra en celo admitiendo al mejor de la manada, al tiempo que él incrementaba la velocidad... Le pedí que no parara, que continuara así, mientras con una mano yo empecé a acariciar mis pechos que se sentían hinchados y ansiosos. Estaba tan cachonda que supe que estaba a punto de correrme, que mi clítoris estaba hirviendo y que el éxtasis se vislumbraba con cercanía y claridad. Grité que siguiera, gemí como una cualquiera y de pronto se hizo el milagro: una explosión de gozo que nació desde mi sexo, recorrió mi espina dorsal y terminó en mi cerebro donde sensaciones nuevas cruzaron por mi torrente sanguíneo. Mis piernas temblaron, y yo me dedique a saborear esa corrida que me había vuelto loca... Esu se percató de que yo había terminado y me permitió unos momentos para reponerme, aunque su pito continuó dentro de mí. Pero después, volvió a la andanada de embestidas, a poseerme con virilidad y brío. Yo no daba crédito a la fuerza de los Elfos, pero ahí estaba él, haciendo de mi cuerpo un trapo y reinventando maneras de desquiciarme, de colocar su miembro en los sitios más recónditos de mi cavidad... sentí el deseo más grande que jamás experimenté por nadie, pero también amor verdadero y ganas de quedarme con él para ...