1. Los días vividos 6


    Fecha: 17/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: lolabarnon, Fuente: TodoRelatos

    ... profundo que podía. Intentando que su modesto empeño comparado con el poderoso de Nacho, me hicieran alcanzar algo que yo ya no sentía en estos momentos en que me excitaba de esa manera. Le vi acelerar las embestidas, casi con rabia por sentirse fuera de mi zona de placer. Lo vio en mi cara, en mis suaves gemidos, en mis suspiros entrecortados.
    
    Se corrió con rabia, salpicándome el vientre con una par de disparos que alcanzaron un poco más que mi pubis. Lo noté enfadado, lleno de rabia y de algo cercano al dolor. Sin decirme palabra fue al armario, sacó un consolador que usábamos para excitarnos cuando mi vida discurría por placeres conjuntos con él. Quise decirle que no, que lo mejor era dejarlo tal y como estaba que me lo hiciera con la boca o con el dedo y que con eso bastaría. Pero también supe que eso mataría su autoestima y le aumentaría las sospechas de imposibilidad que ya tenía conmigo.
    
    Dejé que me penetrara y entonces, sí. Me invadió a través de ese tamaño una sensación de plenitud, de ensanchamiento de placer extenso y real. Gemí al ritmo que me lo metía, con cada centímetro de aquel artilugio y cerré los ojos dejando de luchar contra mí. Intentando abandonarme a una escena inventada, imaginándome que quien estaba encima de mí no era Fernando, sino alguien que me llevaba en volandas a un orgasmo real, no a base de plástico y recreación de situaciones.
    
    Lo noté embestirme con saña, casi con fuerza excesiva. Tuve que detenerlo poniendo las manos en su pecho e ...
    ... intentar que volviera a acompasarse. Llegó a hacerme un poco de daño.
    
    —Cuidado… —susurré.
    
    —¿No te gusta así? ¿Duro? —noté un tono de reproche en su voz.
    
    —No… quiero hacerlo… normal —intenté ser sincera, pero no le miré. Continuaba con los ojos cerrados, intentando recrear algo además del tamaño de aquel pene artificial, ahora que había decrecido en sus acometidas.
    
    —¿Te gusta que te den fuerte, verdad…? No como yo…
    
    Hice como que no le escuchaba y tragué saliva. Sus palabras me dañaban, pero eran verdad. No podía negarlo ni disimularlo. Intenté gemir más profundo, más acompasada a unos movimientos que, aunque eran firmes y en cierta medida potentes, no me terminaban de llenar. Aguanté un par de minutos más. Pero no alcancé el orgasmo.
    
    —Déjalo ya Fernando…
    
    —No, joder, quiero que te corras.
    
    En sus palabras había acidez. Un reproche mutuo, dirigido a ambos. A mí porque sabía que en ese momento no era quien necesitaba y a él por no hacer que alcanzara el placer que buscaba.
    
    Dejo de empujar al ver que yo ya no gemía ni me movía. Giré la vista hacia él. Lo vi tumbado a mi lado, con el consolador en la mano, que ahora me parecía grotesco, apuntando al techo. No pude evitar sentir un atisbo de rechazo por él. O más bien por nosotros. Por esa falta de sintonía en los momentos en que un deseo de sexo potente me invadía, y que notaba cada vez más cercanos en el tiempo. Entre la primera vez que estuve con Nacho y hoy, apenas habían pasado cinco meses y ya me era ...