1. El poder y el cielo


    Fecha: 18/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos

    ... redimir tu pecado.—masculló, ajustándose las correas con manos seguras—. Esto, ramera, será tu castigo… y tu redención.
    
    Carmen tragó saliva, su cuerpo un torbellino de temor y ansia, mientras su esposo se colocaba tras ella, acomodando el falo de cuero contra la entrada de su sexo, húmedo y vulnerable.
    
    Antonio no dudó ni un segundo, la penetró con violencia, de un solo empuje profundo que la hizo gritar, arañando la alfombra con desesperación.
    
    —Ahora, puta —escupió él con la voz grave, arrastrando las palabras—, reza lo que sepas.
    
    Carmen cerró los ojos, desgarrada entre el dolor y el placer, mientras sentía cómo el arnés la rellenaba, la invadía. Con voz temblorosa, quebrada, empezó a recitar:
    
    —Padre… nuestro… que estás en el… cielo… santificado…
    
    Antonio embistió con fiereza, haciendo chocar sus caderas contra sus nalgas pálidas, golpeándola con un ritmo despiadado que la sacudía hasta los huesos.
    
    —Sigue rezando —le ordenó, jadeando, excitado como un animal—. Reza por tu alma pecadora.
    
    —…venga a nosotros… tu reino… —gimió Carmen, apenas consciente, mientras las ...
    ... lágrimas le resbalaban mezcladas con saliva— hágase… tu voluntad…
    
    Los golpes del arnés retumbaban en su interior, un latido brutal, humillante y liberador. Carmen sintió el vientre arder, la tensión recorrerle la espalda y supo que no podría contenerse más.
    
    Antonio, con una risa seca, la sostuvo de la cadera y la empaló aún más fuerte. Su excitación era máxima, aún sin virilidad. —Así… reza, ramera. Reza mientras te poseo—masculló.
    
    Ella estalló en un orgasmo abrasador, con un grito ahogado, pronunciando las últimas palabras de su plegaria a la vez que se convulsionaba:
    
    —…así en la tierra… como en el cielo…
    
    Su cuerpo tembló entero, estremecido, rendido, mientras Antonio, aún sujetándola, la forzaba a recibir cada embestida de aquel falo negro, hasta que se sació de verla destrozada y rota, completamente suya.
    
    Por unos instantes solo quedó el sonido de su respiración desbocada y la luz mortecina del despacho.
    
    Por un instante, Carmen creyó —en lo más hondo— que entre aquella humillación, acaso hallaría la redención que nunca había encontrado arrodillada ante el altar. 
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